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Cayetano González

De Carod Rovira-Ternera a Junqueras-Otegi

Diecisiete años después del encuentro en Perpignan, ETA-Bildu y ERC siguen marcando y de qué manera el rumbo de España.

Cayetano González
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Arnaldo Otegi y Oriol Junqueras revivieron este domingo en Barcelona el significado profundo del encuentro que hace diecisiete años –en enero de 2004– mantuvieron en Perpignan el entonces líder de ERC y conseller en cap de la Generalitat, Josep Lluís Carod Rovira, con los dirigentes de ETA Josu Ternera y Mikel Antza.  

Ambos encuentros, con la distancia temporal entre ambos, ponen de manifiesto quiénes mandan, quiénes han sido y siguen siendo los actores principales del proceso de ruptura de España: por un lado ETA y sus herederos políticos de Bildu; por otro, ERC. El PSOE no es ajeno a todo este proceso. Primero fue Zapatero y la negociación política que llevó a cabo con la banda terrorista desde la Presidencia del Gobierno, y después Sánchez, también desde la Moncloa, al considerar tanto a ERC como a Bildu socios prioritarios de su Ejecutivo. Podemos desempeña asimismo un papel, aunque no como actor principal.

Hay que recordar que en 2004 ETA decidió dar el salto a Cataluña después del fracaso del pacto de Estella (1997) con el PNV y EA, y consciente de la firme decisión del Gobierno de Aznar de derrotar a la banda terrorista desde la ley y sin ningún tipo de atajos. ETA estaba siendo diezmada en su capacidad operativa como consecuencia de la acción policial y pasó temporalmente el relevo en su objetivo de romper España a los independentistas catalanes aglutinados en ERC. A cambio, esto no hay que olvidarlo, ETA aseguró a Carod Rovira en la reunión de Perpignan que no habría atentados terroristas en Cataluña, aunque sí en el resto de España, como así sucedió.

Diecisiete años después, el líder de los herederos políticos de ETA, Arnaldo Otegi, se desplazó a Barcelona este domingo para mostrar públicamente su apoyo a ERC en un mitin junto al dirigente de este partido Oriol Junqueras, condenado por el Tribunal Supremo por haber intentado dar un golpe de Estado. La imagen es altamente significativa de lo que ha avanzado el proceso en todos estos años. 

Esta es la cruda situación de la política española y catalana. En Cataluña se celebran este domingo unas elecciones rodeadas por unas circunstancias absolutamente anormales, extraordinarias, como consecuencia de la pandemia, y hasta antidemocráticas, por la violencia ejercida sobre Vox, que recuerda y mucho a la que sufrieron en su momento los constitucionalistas en el País Vasco.

Cataluña ha vivido en los últimos años en una situación de excepcionalidad por el pulso al Estado que decidieron plantear sus dirigentes, y las elecciones del domingo no harán más que corroborar el caos político e institucional en la que vive. Si los números dan, habrá un tripartito PSC-ERC-Podemos presidido por Illa o por Aragonès. Ese es el plan de Sánchez y para eso ha ido el exministro de Sanidad como candidato. Si no sumaran lo suficiente, los independentistas –CUP incluida– llegarán a algún tipo de acuerdo. En cualquiera de los dos escenarios, seguirán la inestabilidad institucional y el proceso independentista, indulto a los golpistas incluido.

Mientras, los partidos constitucionalistas están cada uno a lo suyo. Ciudadanos intentando mitigar el batacazo que le auguran las encuestas; el PP teniendo como objetivo –ramplón a más no poder– que Vox no le dé el sorpasso, y los de Abascal celebrando ya la irrupción en el Parlamento catalán, celebración que se vería aumentada si superan en escaños al partido de Casado. Es muy probable que la suma de los escaños de los tres partidos constitucionalistas no supere a los que saquen por su cuenta ERC, Juntos por Cataluña e incluso el PSC, lo cual es un exponente de cómo está Cataluña.

En definitiva: diecisiete años después del encuentro en Perpignan, ETA-Bildu y ERC siguen marcando y de qué manera el rumbo de España, contando con la inestimable colaboración del PSOE de Pedro Sánchez, del Podemos de Iglesias y, por tanto, del Gobierno de la Nación. La situación no puede ser más dramática para el futuro de España.

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