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El Congreso y las víctimas del terrorismo

Las víctimas ya están hartas de este tipo de homenajes cimentados en la falta de respeto a la Memoria, a la Dignidad y a la Justicia que reclaman.

Cayetano González
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El Congreso de los Diputados celebrará el próximo jueves una sesión solemne en recuerdo y homenaje a las víctimas del terrorismo, a la que ya han anunciado que no asistirán, por motivos diversos, las principales asociaciones de víctimas. De momento sólo han confirmado su asistencia la presidenta de la Asociación 11-M Afectados por el Terrorismo, Pilar Manjón –la que en el 2004 llamó "asesino" a Aznar a las puertas del Congreso–, y el presidente de la Asociación Dignidad y Justicia, Daniel Portero. En este último caso, se da la circunstancia de que ese día era el cumpleaños de su padre, el ex fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, Luis Portero García, asesinado por ETA en Granada el 9 de octubre de 2000. Su hijo Daniel quiere honrar la memoria de su padre estando presente en dicho acto.

Respetando esta circunstancia tan personal de Daniel Portero, los motivos para no asistir a este acto institucional son muchos más y de mayor entidad que los que se puedan esgrimir para la asistencia. En la actual composición del Congreso sólo hay un grupo parlamentario, el de UPyD, que propugne la derrota sin paliativos de ETA, sin ninguna concesión a cambio, y que esté al lado de las víctimas del terrorismo. Todos los demás grupos –si bien cabe añadir a UPyD a algunos diputados del Mixto, como Enrique Álvarez Sostres, de Foro Asturias, o el navarro Carlos Salvador, de UPN– son cómplices del mal llamado proceso de paz que llevó a cabo Zapatero en sus dos legislaturas y que de manera distinta en las formas pero con una coincidencia de fondo ha continuado Rajoy desde que llegó a La Moncloa.

Esa complicidad, por ejemplo, resulta palmaria cuando el actual Congreso, con la mayoría del PP, no ha querido derogar la resolución que la propia Cámara aprobó el 17 de mayo de 2005 y por la que se apoyó institucionalmente la negociación política que Zapatero iba a llevar a cabo con ETA, y que se concretó en numerosas reuniones en Loyola –entre el PSE, PNV y Batasuna– y en Oslo –entre enviados del Gobierno y la dirección de ETA–. Mas allá de las disquisiciones jurídicas y reglamentarias sobre si la citada resolución decae cuando se convocan elecciones generales y se forma un nuevo Congreso, si el PP hubiese querido tener un gesto y dejar claro que aquello fue una grave afrenta a la democracia y a las víctimas del terrorismo, le hubiese bastado con proponer un nuevo texto donde se dijera que nunca más un Gobierno democrático negociaría con una banda terrorista que deje de matar.

Por otra parte, ¿qué homenaje pueden tributar a las víctimas del terrorismo partidos como el PSOE, que han negociado con los terroristas cuestiones políticas sin importarles nada lo que pensaran al respecto las propias víctimas? Partidos como ERC, que se reunió con ETA en Perpiñán para pactar una tregua sólo en Cataluña; o el PNV, que no ha apoyado nunca ninguna de las medidas que desde las instituciones se han tomado para luchar contra ETA; o CiU, que en esta cuestión nunca ha tenido criterio propio y siempre ha hecho lo que le ha marcado el PNV.

Las víctimas ya están hartas de este tipo de homenajes cimentados en la falsedad y en la falta de respeto a la Memoria, a la Dignidad y a la Justicia que reclaman. Por eso, es fácil entender que no quieran legitimar con su presencia un acto que está concebido por sus impulsores para dar la impresión que se está con las víctimas del terrorismo. Si esto fuera verdad, lo que tendría que hacer el Gobierno, con el apoyo del Congreso de los Diputados, sería poner en marcha los mecanismos legales para volver a echar a ETA de las instituciones; o para que Bolinaga regrese a la cárcel –por cierto, la sucesora de Basagoiti al frente del PP vasco, Arantza Quiroga, se ha retratado y ha dejado claro que ella es partidaria de que este asesino/secuestrador siga en libertad–, o para que se investiguen los más de 300 asesinatos de ETA que están sin esclarecer.

No son tiempos fáciles para las víctimas del terrorismo. Pero lo menos que hay que exigir a las instituciones es que no añadan más dolor y más indignidad a la que ya han tenido que padecer por la propia actividad terrorista de ETA, o por los que han facilitado la vuelta de esta a las instituciones del País Vasco y de Navarra, o al propio Congreso de los Diputados. Por cierto, Amaiur ha anunciado que no estará presente en el acto del jueves, ya que en su opinión será "parcial", porque no estarán "todas las víctimas". Una lástima esta ausencia, que redundará negativamente en la solemnidad y en la sinceridad del acto…

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