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El militante Sánchez se quita la careta

¿Alguien duda de que, si no se hubiera producido la rebelión de los barones, a estas horas habría un Gobierno PSOE-Podemos con el apoyo de los independentistas?

Cayetano González
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Tras la entrevista del domingo con Jordi Évole en La Sexta, en la que Pedro Sánchez no hizo la más mínima autocrítica por sus nefastos resultados electorales, se han confirmado algunas sospechas que mucha gente tenía y que ahora el propio interesado se ha encargado de aclarar. Y no precisamente sobre temas menores.

La primera, y más importante, tiene que ver con la idea de España de Sánchez. Si para Zapatero el de nación era un concepto "discutido y discutible", para quien fue el sucesor del sucesor –por medio estuvo Rubalcaba– esa duda no existe. "España es una nación de naciones. Cataluña es una nación dentro de otra nación que es España, como también lo es el País Vasco, y esto es algo de lo que tenemos que hablar y tenemos que reconocer, y por supuesto tenemos que articular una reforma constitucional para que Cataluña, como nación que es, se sienta integrada dentro de España", dijo textualmente el exlíder de los socialistas.

De un plumazo, y sin mover un músculo, Sánchez se cargó el artículo 2 de la Constitución, que señala que esta se fundamenta

en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre ellas.

Quien estuvo a punto de ser presidente del Gobierno del Reino de España concede nada más y nada menos que el estatus político de nación a dos comunidades autónomas, regiones o nacionalidades y aboga por una reforma constitucional con el objetivo de que Cataluña como nación se sienta integrada en España. Habrá que reconocer que lo de Zapatero, con su polémica frase sobre el concepto de nación, al final se quedó en un pellizco de monja comparado con lo de Sánchez.

Tras saber todo esto, ¿alguien duda todavía de que, si no se hubiera producido la rebelión de los barones socialistas encabezados por Susana Díaz, a estas horas habría un Gobierno PSOE-Podemos presidido por Sánchez, con el apoyo de los independentistas catalanes y de los nacionalistas, también independentistas, del PNV? Un Gobierno que hubiera impulsado todas las reformas constitucionales necesarias para facilitar el derecho a decidir, primero de los catalanes y después de los vascos.

La segunda cuestión en importancia de la entrevista de Sánchez fue su declaración explícita de amor a Podemos. Después de afirmar que cometió un error al tachar de "populistas" a los de Pablo Iglesias, ya no tuvo rubor alguno y se lanzó en plancha: "Si el PSOE quiere seguir siendo alternativa de Gobierno, tiene que comprender que tiene que mirar de tú a tú y trabajar codo con codo con Podemos para lograr el cambio político que necesita este país". Me imaginé en ese momento a Manuel Carmena aplaudiendo con la orejas y agradeciendo de nuevo a Sánchez estar donde está, pues fue él quien dio la orden para que los concejales socialistas apoyaran a quien se ha convertido en una auténtica pesadilla para muchos madrileños.

Sánchez dejó claro lo que quiere para España y para su partido. A partir de ahí, serán los militantes socialistas los que tendrán que decidir dentro de unos meses si eso es lo que también desean ellos. Este domingo, el militante Sánchez se quitó la careta con dos mensajes letales: 1) España está integrada por varias naciones y hay que reformar la Constitución para dar satisfacción a los independentistas, y 2) el PSOE tiene que entenderse con esa izquierda radical y casposa, en el fondo y en la forma, que representa Podemos, y por supuesto con todos los rufianes de turno que hagan falta. Es evidente que, con estas propuestas del militante Sánchez, el PSOE tiene un grave problema.

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