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El PSOE debe dejar gobernar a Rajoy

Sólo cabe que el PSOE permita la investidura de Rajoy. Los de Sánchez son imprescindibles para eso; los de Rivera, no tanto.

Cayetano González
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Pedro Sánchez y Mariano Rajoy | EFE

El PSOE tendrá que tomar en los próximos días –quizá en el Comité Federal que se celebrará el 9 de julio– una decisión importante: si con su abstención deja gobernar a Rajoy o si, por el contrario, vota en contra en el Pleno de Investidura y bloquea esa posibilidad. Las primeras declaraciones de los portavoces oficiales de los socialistas, Óscar Luena, Antonio Hernando, descartan esa abstención, pero todavía hay mucho partido por jugar y las presiones que recibirá el PSOE para que permita gobernar a Rajoy serán muchas y variadas.

El PP ha ganado las elecciones con claridad, con 52 escaños y 2,5 millones de votos más que el segundo, precisamente el PSOE, y es al partido de Rajoy al que, en puridad democrática, le corresponde tomar la iniciativa de formar Gobierno. Otra cosa es que en ese empeño ni los populares ni su líder lo vayan a tener fácil. Para contar con un Gobierno estable, el único pacto que les vale es con el PSOE, la famosa gran coalición, que sumaría la bonita cifra de 222 diputados; pero no parece que esa sea una opción que ni Pedro Sánchez ni el Comité Federal de su partido vayan a aprobar.

Con Ciudadanos, el PP puede entenderse; pero, aparte de las condiciones que debieran y pudieran poner los de Albert Rivera, la suma en escaños se quedaría en 169, a siete de la mayoría absoluta, con muy poco margen para añadir más apoyos, salvo quizás el único escaño de Coalición Canaria, ya que, con unas elecciones vascas en octubre en las que el PNV tendrá que batirse el cobre con Podemos y Bildu, no parece que sea el mejor momento para que los nacionalistas vascos den su apoyo ni al PP ni a Rajoy.

Así las cosas, sólo cabe que el PSOE permita la investidura de Rajoy. Los de Sánchez son imprescindibles para eso; los de Rivera, no tanto. El PSOE necesita rehacerse profundamente, después de haber evitado este domingo el sorpasso de Podemos... pero cosechando el peor resultado de su historia: ha pasado de los 202 escaños de Felipe González en las elecciones generales de octubre de 1982 a estos 85 de Sánchez. Por perder, ha perdido hasta en Andalucía, lo que por otra parte deja muy tocada, políticamente hablando, a la esperanza blanca de muchos socialistas, Susana Díaz. Y también ha sido derrotado por el PP en el otro bastión socialista, Extremadura, cuyo presidente autonómico, Guillermo Fernández Vara, ha sido el primer barón que públicamente ha pedido a su partido que deje gobernar a Rajoy.

En el lado popular, Rajoy tiene motivos más que sobrados para estar muy satisfecho con el resultado del domingo, porque ni en la mejor de sus expectativas esperaba una subida de 14 escaños respecto al 20-D. Habría sido deseable que el líder del PP hubiese pronunciado desde el balcón de Génova un discurso de más enjundia política, en lugar de balbucear torpemente unas palabras que eran más propias de una tertulia de casino que de alguien que quiere seguir siendo presidente del Gobierno. Pero Rajoy es como es, y a su edad será difícil que cambie.

El líder del PP tiene por delante una tarea nada fácil: primero deberá concitar los apoyos necesarios –insisto en que la clave es la abstención del PSOE– para su investidura, y luego tendrá que gobernar, muy probablemente, en minoría, lo cual le obligará a pactar y a ceder.

En cuanto a la para muchos necesaria renovación del PP, que pierdan toda esperanza los que piensan eso: Rajoy, con los resultados del domingo, es capitán general, y hará en el próximo congreso de su partido lo que quiera, es decir, nada. Como mucho cambiará a la secretaria general, María Dolores de Cospedal, pero a cambio siempre nos quedará París, es decir, Javier Arenas Bocanegra.

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