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El raca-raca del voto util

Déjese que los ciudadanos voten libre y responsablemente, sin exigirles que vayan con una calculadora al colegio electoral.

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Faltan cuarenta días para la celebración de unas elecciones que serán trascendentales para el futuro de España. El resultado de las mismas se presenta absolutamente incierto, con una sola incógnita fundamental, que sólo se podrá despejar cuando se recuenten los votos en la noche del 28 de abril: ¿sumaran para poder gobernar el bloque compuesto por el PSOE, Podemos, los independentistas catalanes y los nacionalistas vascos del PNV y Bildu? O por el contrario, ¿será el bloque del PP, Ciudadanos y VOX quien obtenga esa mayoría? Esta es la cuestión trascendental que está en juego en las elecciones del 28-A: la continuidad del gobierno frankenstein de Sánchez o la de un ejecutivo que defienda la Constitución, la libertad y la igualdad de todos los españoles.

Ante esa disyuntiva, el llamamiento al voto útil vuelve a ser una herramienta de esta larga campaña electoral. Dado el desmoronamiento de Podemos, el PSOE no está necesitando tirar mucho de ese llamamiento, y lo normal es que una buena parte de los cinco millones de votos que el partido morado consiguió en las últimas elecciones generales de junio de 2016 vaya al PSOE o se quede en casa. Donde la batalla tiene más intensidad es en el otro bloque, que se presenta dividido en tres, algo que no había pasado en ninguna elección general desde la transición política.

El llamamiento descarado al voto útil constituye una falta de respeto a los ciudadanos, porque entre otras cosas supone considerarlos poco capacitados para saber lo que tienen que votar. En esta ocasión, quien está liderando esa llamada al voto útil es el PP, so capa de que el sistema de reparto de escaños que establece la ley d’Hondt favorezca, en las provincias donde el número de escaños a repartir es inferior a cinco, al PSOE.

El líder del PP, Pablo Casado, fue un poco más allá de lo razonable cuando la semana pasada pidió públicamente a VOX que no se presentara en esas circunscripciones pequeñas para concentrar el voto en torno a los populares. La respuesta del partido de Abascal estaba servida en bandeja: "retiraros vosotros si queréis". El deseado entendimiento electoral entre estos dos partidos en esas provincias no parece factible en el momento presente, entre otros motivos, porque ¿quién es el que asegura que el PP va a estar por delante de VOX en todos esos lugares?; ¿quizás los que no detectaron ni de lejos que en Andalucía, VOX sacó doce escaños y 400.000 votos? Además, ese tipo de alianzas electorales, para que tengan alguna posibilidad de salir, requieren de tiempo y de una negociación discreta, algo que no se ha dado en este caso. Habrá que esperar a ver cómo queda el reparto de fuerzas entre el PP , VOX y Ciudadanos tras las generales del 28-A y las autonómicas, municipales y europeas del 26 de mayo, para establecer el rol de cada uno de esos partidos a partir de entonces.

Es cierto que sin ese acuerdo electoral previo, se corre el riesgo de que un número de escaños no muy numeroso sean sin embargo decisivos para dar la mayoría al frente popular-populista-independentista liderado por Pedro Sánchez. Pero ante la imposibilidad a día de hoy de un acuerdo pre-electoral PP-VOX, lo que toca ahora es que los ciudadanos sean muy conscientes de lo que está en juego el 28-A; que los partidos constitucionalistas subrayen hasta la extenuación la gravedad del momento, y que eso conlleve una gran movilización del voto del centro derecha a cualquiera de las tres opciones que habrá en las urnas. A cuarenta días de las elecciones, no se puede hacer otra cosa.

Si las urnas certificaran un gobierno presidido por Sánchez con el apoyo de Podemos, independentistas y nacionalistas, entonces será la hora de que en el bloque de centro derecha se produzcan los movimientos necesarios para rehacer ese espacio, y donde todos tendrán que ser muy generosos. Pero de momento, déjese que los ciudadanos voten libre y responsablemente, sin exigirles que vayan con una calculadora al colegio electoral. Más que repetir el raca-raca del voto útil, subráyese la trascendencia del momento y hágase el llamamiento al voto masivo y responsable.

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