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Cayetano González

Gana ETA, pierde España

La realidad es que Bildu no tiene más que motivos para estar agradecido al PSOE.

Cayetano González
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Cayetano González - Gana ETA, pierde España
Arnaldo Otegi, capo de Bildu | EFE

La esquizofrenia en la que ha vivido el PSOE este fin de semana en el terreno de su relación con ETA es de las que marcan época. Al mismo tiempo que la militancia socialista en Navarra aprobaba mayoritariamente que su candidata María Chivite presida el Gobierno de la Comunidad Foral con el apoyo del PNV (Geroa Bai), Podemos, IU y la necesaria complicidad de Bildu, dos terroristas de ETA eran recibidos en Hernani y Oñate como auténticos gudaris: el sanguinario exdirigente de la banda José Javier Zabaleta y Xabier Ugarte, uno de los cuatro secuestradores-torturadores de José Antonio Ortega Lara, al que ETA mantuvo secuestrado 532 días en un agujero inmundo construido en una nave industrial de Mondragón.

Un hijo del concejal socialista Froilán Elespe, asesinado por ETA en Lasarte en marzo de 2001, ya no aguantó más la ignominia que suponían los homenajes a los etarras y pidió a las autoridades que hicieran algo. Estas, como siempre, reaccionaron tarde. En lugar de impedir con la fuerza de la ley esas afrentas a las víctimas del terrorismo, las toleraron y, eso sí, después del bochornoso e inmoral espectáculo presenciado en Hernani y Oñate, solicitaron a la Fiscalía que actuase por si se hubiera producido enaltecimiento del terrorismo.

La decisión política de Pedro Sánchez de pactar el Gobierno de Navarra con la marca del PNV en aquella comunidad, con Podemos, con Izquierda Unida y con el necesario apoyo de los amigos de ETA, Bildu, es de una gravedad tal que sólo la ceguera o el desconocimiento de lo que Navarra significa para los nacionalistas vascos y para ETA puede impedir calibrarla en su justa medida.

La integración de Navarra en la idílica Euskadi que dibujó Sabino Arana ha sido uno de los motivos por los que ETA ha asesinado a 857 personas, 42 de ellas en la propia Navarra. El PNV tampoco ha renunciado nunca a esa integración y, como un gesto simbólico, eligió a un navarro, Carlos Garaikoetxea, como candidato a lehendakari en las primeras elecciones autonómicas tras la transición democrática. "Nafarroa, Euskadi da" (Navarra es Euskadi) era una de las consignas que más se jaleaban en las manifestaciones o actos políticos de los nacionalistas del PNV y de los batasunos en los primeros años de la democracia.

En estos últimos cuarenta años, el PSOE, y más concretamente el Partido Socialista de Navarra, siempre ha tenido una posición ambigua, cuando no errática, acerca de las alianzas políticas en la Comunidad Foral. Normalmente ha pesado más impedir que gobernara la derecha, aunque eso llevara aparejado tejer alianzas como las que ahora se han buscado. Pero la línea roja de aceptar y necesitar el apoyo de los amigos de ETA para gobernar, el PSN nunca la había traspasado.

En el momento presente, cuando la inestabilidad del marco constitucional es un hecho por mor del proceso secesionista impulsado desde Cataluña; cuando el PNV permanece agazapado a la espera, pero sin renunciar a sus fines independentistas; cuando en Baleares hay más que brotes verdes en esa misma dirección, va Sánchez y pacta en Navarra con los nacionalistas vascos y con los de Podemos y acepta el apoyo de los que representan el proyecto político de ETA en las instituciones. ¿Sorprendente? Viniendo de Sánchez, en absoluto.

La realidad es que Bildu no tiene más que motivos para estar agradecido al PSOE. Primero fue Zapatero quien negoció políticamente con ETA y devolvió a las diversas marcas de la banda terrorista a las instituciones. Actualmente es Sánchez quien negocia con ellos, blanquea a su líder, Arnaldo Otegui, en TVE o les trata con guante de seda en el reciente debate de investidura.

Sólo por lo que ha hecho Sánchez en Navarra y por su relación Bildu, hay motivos más que suficientes para que tanto PP como Ciudadanos ni se planteen facilitar en las próximas semanas su investidura. Hay cosas con las que no se juega. El futuro político de Navarra o el respeto a la memoria de las víctimas del terrorismo son dos de ellas, y en ninguna de las dos es Sánchez de fiar.

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