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Cayetano González

La hora de la Justicia

Al final la Justicia irá haciendo su trabajo, pese a quien pese.

Cayetano González
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Este Gobierno, con su presidente a la cabeza y con su vicepresidente segundo muy pegado a él, ha demostrado con creces, en los pocos meses que lleva ejerciendo el poder, que no tiene ningún tipo de límites, de cortapisas, de escrúpulos, para tomar o justificar decisiones que en unas circunstancias normales serían un auténtico escándalo. Esa forma de actuar está en la esencia del proyecto político de este Gobierno social-comunista: demostrar que el poder se ejerce pese a quien pese, aunque se erosione el sistema de convivencia, las instituciones básicas del Estado, porque el objetivo es el cambio de régimen y a su logro se supedita todo lo demás.

Algunos ejemplos de esta forma de actuar del Gobierno: nombró fiscal general del Estado a una persona que venía de ser una ministra de Justicia muy cuestionada por la publicación del contenido de unas conversaciones en las que participó, mantenidas en el terreno de las cloacas del Estado; pactó con los herederos políticos de ETA la reforma laboral; empotró en la comisión del CNI a Pablo Iglesias aprovechando el decreto del estado de alama; alentó desde Podemos caceroladas contra el Jefe del Estado; provocó una enorme crisis en una institución básica del Estado como es la Guardia Civil destituyendo de manera injusta y arbitraria a un coronel por el hecho de negarse a incumplir la ley.

También cabe destacar que un ministro del sector podemita del Gobierno ha afirmado con total impunidad que podría haber sectores involucionistas dentro de la Guardia Civil, sin que haya sido desautorizado tajantemente, con su destitución, por el presidente del Gobierno; y que se creó una Dirección General en un ministerio para colocar a un amigo de toda la vida del presidente.

Son sólo unos ejemplos, a los que habría que añadir el listado de errores cometidos durante la gestión sanitaria de la pandemia, que no se sabe –porque el Gobierno no quiere que se sepa– el número de muertos que se ha cobrado, pero estará más cerca de los 40.000 que de los 27.136 oficiales. Unas cifras escalofriantes que sin embargo al presidente del Gobierno, en sus insufribles alocuciones televisivas de los fines de semana, le llevan a la máxima autocomplacencia y a la mínima autocrítica.

Ante la dificultad que tiene poner freno a tanto desmán en el debate y en la confrontación política entre el Gobierno y la oposición, el contrapeso más importante que queda y en el que hay que confiar es la Justicia.

Son ya bastantes las querellas presentadas por diferentes colectivos sanitarios; por asociaciones y sindicatos de la Guardia Civil y del Cuerpo Nacional de Policía o por particulares, que se irán solventando en los próximos meses. Una muy relevante es la causa que está instruyendo la juez Rodríguez Medel en el Juzgado nº 51 de Madrid en relación con la no prohibición por parte de la Delegación del Gobierno de la manifestación feminista del 8-M, esa que la actual ministra de Igualdad reconoció que atrajo menos gente de la prevista por el miedo al coronavirus y sobre la que, después de conocerse su confesión de parte en el video de la ETB, ha tenido la desfachatez de emplear como argumento de defensa que ella acudió con su hija, por lo que ¿cómo se podía pensar que habría ido si hubiera sabido que existía un peligro de contagio?

Se suele decir que la Justicia es lenta, pero también es implacable. Ya ha habido dos sentencias, una en Teruel y otra en el País Vasco, en las que se ha fallado a favor del personal sanitario y de los ertzainas, respectivamente, por no haber recibido de las Administraciones Públicas las medidas de protección necesarias para hacer su trabajo. Habrá más, y aunque los tentáculos del Gobierno social-comunista son alargados –véase la petición de la Fiscalía de archivar la causa contra el delegado del Gobierno en Madrid–, al final la Justicia irá haciendo su trabajo, pese a quien pese.

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