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Lecciones de Alsasua

Todavía hay tiempo para reaccionar y para que los líderes del PP, Ciudadanos y Vox acuerden una estrategia conjunta en defensa de la Nación y de la libertad.

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"Fueron a agitar el odio a Alsasua los que nunca tuvieron que mirar por la mañana bajo su coche, los que nunca despidieron a un compañero en un funeral. Nada se construye desde el odio. No tenéis proyecto de convivencia para unir a los españoles. Sólo vivís de los conflictos". Esta excrecencia fue evacuada el domingo en Twitter por el portavoz del PSOE en el Senado, Ander Gil, tras el acto celebrado por España Ciudadana en Alsasua. Acto al que, entre otras personas, asistieron el funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, secuestrado por ETA durante 532 días; Beatriz Sánchez, hija de un guardia civil que fue asesinado por la banda terrorista en el atentado contra la casa cuartel de Zaragoza, o Santiago Abascal, cuya familia y él mismo han estado permanentemente en el punto de mira de ETA.

Que este responsable político del PSOE sea capaz de decir lo que dijo y siga al frente de la portavocía de su partido en el Senado da una idea exacta de cómo está el PSOE. Como Ander Gil, senador por Burgos, donde vive Ortega Lara, no va a dimitir, ni es previsible que pida perdón por lo que dijo; sólo espero que, si se presenta en las próximas elecciones generales por esa provincia, los burgaleses le den el castigo electoral que se merece.

No son las únicas declaraciones inaceptables que se produjeron con motivo del acto de Alsasua. Dos ministros del Gobierno de Sánchez, Grande Marlaska y Margarita Robles, también han dado la nota. Ambos han acusado a los organizadores del acto, es decir, a Ciudadanos, de "crispar" y de utilizar con fines partidistas a la Guardia Civil. Marlaska, en el colmo de la desfachatez, ha señalado que "la gente violenta y agresiva", en referencia a los que lanzaron piedras y profirieron todo tipo de insultos contra Rivera y los asistentes al acto, "no es socia del Gobierno", pretendiendo con ello obviar que EH-Bildu apoyó con sus votos la moción de censura contra Rajoy que llevó a Pedro Sánchez a la Moncloa.

Tampoco tiene un pase lo que dijo en Radio Euskadi, en la víspera del acto de Alsasua, el portavoz del PP en el País Vasco y presidente de los populares guipuzcoanos, Borja Semper, que para desmarcarse del acto manifestó: "Si algo tiene que hacer la política es serenar los ánimos y enfriar el ambiente, no encender los ánimos", dejando en muy mal lugar al presidente de su partido en el País Vasco, Alfonso Alonso, que había manifestado su apoyo al mismo; a la presidenta del PP de Navarra, Ana Beltrán, o al portavoz popular en el Senado, Ignacio Cosidó, estos dos últimos presentes físicamente este domingo en Alsasua. Y, sobre todo, dejando en muy mal lugar a los militantes y votantes del PP del País Vasco y del resto de España que no entienden ni se reconocen en esas declaraciones.

El constitucionalismo tiene en Navarra, pero también en el País Vasco, en Cataluña o en Baleares, un reto trascendental: hacer frente a los afanes independentistas en algún caso, anexionistas en otros y de ruptura con España en todos. Para eso se necesita un entendimiento, lo que conlleva una gran dosis de generosidad, no estar permanentemente en el regate en corto o en estrategias exclusivamente partidistas o personalistas. Ese entendimiento es vital si no se quiere que el proyecto de frente popular-populista-independentista que encabeza Sánchez con la ayuda de Podemos se consolide.

Las elecciones municipales y autonómicas del próximo mes de mayo tendrán en ese sentido una enorme importancia. Si el frente popular-populista-independentista avanza y triunfa en comunidades autónomas y ayuntamientos importantes, será una muy mala noticia para España y para los españoles. Todavía hay tiempo para reaccionar y para que los líderes del PP, Ciudadanos y Vox acuerden una estrategia conjunta en defensa de la Nación y de la libertad.

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