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Los 'piropos' de Laura

El PP vasco debería elegir una nueva cúpula, en la que no estuvieran Basagoiti, Oyarzabal, Sémper, Maroto ni los que les han apoyado en este tiempo.

Cayetano González
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Después de las alabanzas hechas este domingo por la candidata de EH-Bildu a lehendakari, Laura Mintegi, a los dirigentes del PP vasco, representados por Borja Sémper y Javier Maroto, si yo fuera Antonio Basagoiti convocaría de forma urgente un congreso extraordinario de los populares vascos con dos únicos puntos en el orden del día: 1) una reflexión que se podría titular: "¿Cómo lo hemos hecho de mal que hasta la portavoz de EH-Bildu nos aplaude?" y 2) renovación a fondo de la actual cúpula directiva y elección de una nueva, en la que por supuesto no podrían ni deberían estar Basagoiti, Oyarzabal, Sémper, Maroto ni los que les han apoyado en este tiempo.

No se cuál ha podido ser la reacción de los actuales dirigentes del PP vasco al leer los piropos que les dedicaba Mintegui. Pero me pongo en lo peor y seguro que a algunos de ellos no les habrá desagradado del todo. Lo justificarán con eso de los "nuevos tiempos" que según esos dirigentes se han abierto en el País Vasco, y que entre otras minucias han devuelto a ETA a las instituciones como segunda fuerza política en el Parlamento vasco, amén de gobernar ya en Guipúzcoa y San Sebastián.

Lo grave de estos piropos es que se produjeron veinticuatro horas después del homenaje que la Fundación Gregorio Ordóñez tributó al dirigente del PP guipuzcoano asesinado por ETA hace dieciocho años. En el acto público, celebrado en un céntrico hotel de San Sebastián, no estuvo presente ningún dirigente del PP vasco. ¿Por qué no acudieron? ¿Por mala conciencia? ¿Por temor a ser mal recibidos por los asistentes? ¿Por no querer oír las cosas que dijeron los intervinientes, entre los que se encontraban María San Gil, Maite Pagazaurtundua, Santiago Abascal o la propia viuda de Gregorio Ordóñez, Ana Iríbar? Fuera cual fuera la razón de su inasistencia, es un hecho objetivamente grave que, por ejemplo, el actual presidente del PP de Guipúzcoa, Borja Sémper, no aparezca en un acto de homenaje a la persona que ocupó su mismo puesto y por la que, según propia confesión, entró en política, a raíz de su asesinato.

Después del batacazo electoral sufrido en las últimas elecciones autonómicas –130.000 votos, diez diputados, cuarto partido en la Comunidad Autónoma Vasca–, no ha habido la mas mínima autocrítica en el PP vasco. Nadie ha dimitido, nadie ha explicado en qué se han equivocado para perder casi dos de cada tres votos de los obtenidos por Jaime Mayor Oreja en el 2001, cuando el centro-derecha vasco tuvo el mejor resultado de su historia. Muy al contrario, el PP vasco ha sido noticia en estas últimas semanas por las declaraciones de Sémper y de Maroto favorables a entenderse con EH-Bildu. La respuesta a las mismas la han tenido en las alabanzas de la portavoz de esta coalición abertzale.

Es de sobra sabido que Rajoy está centrado exclusivamente en cómo sacar a España de la crisis. Y puede ser entendible. Pero el presidente del Gobierno y del PP tiene que saber que no se va a ninguna parte con un partido que en las dos comunidades donde gobiernan los nacionalistas –Cataluña y el País Vaso– es irrelevante. Es la cuarta fuerza política en ambas. No influye, no condiciona nada –como se ha visto en la configuración de los respectivos Ejecutivos autonómicos, presididos por Mas y Urkullu– la política en ambos territorios, que hoy por hoy siguen formando parte de España. Y si encima se reciben alabanzas del tenor de las pronunciadas por la portavoz de EH-Bildu, entonces lo mejor es meterse debajo de la cama y no salir en años.

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