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Cayetano González

Navarra sí es una línea roja

Lo que pase en la comunidad foral en las próximas semanas no es para nada una cuestión menor.

Cayetano González
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Cayetano González - Navarra sí es una línea roja
María Chivite (centro) celebra los resultados del 26-M | EFE

En la lógica de los hechos, es decir, en la lógica del proceso de demolición de la España constitucional que puso en marcha Zapatero cuando llegó a la Moncloa, y que se inició con su negociación política con ETA, está que el PSOE impida que los constitucionalistas de la coalición Navarra Suma, integrada por UPN, PP y Ciudadanos, gobiernen en Navarra.

La candidata socialista en la comunidad foral, María Chivite, ya ha anunciado, a pesar de la muy medida desautorización de Ferraz, su intención de presidir el Gobierno navarro, para lo que necesitará el apoyo del PNV (Geroa Bai), Podemos e Izquierda Unida, y tendrá que contar asimismo con la abstención de los herederos de ETA, es decir, de Bildu. Le da lo mismo a Chivite que Navarra Suma le haya sacado 16 puntos porcentuales en las elecciones y nueve escaños.

Desde los inicios de la Transición, el Partido Socialista de Navarra ha seguido una política absolutamente errática, siempre más cerca de las tesis de los nacionalistas vascos –llegó incluso a defender el derecho de autodeterminación– que de los que defienden que Navarra tiene que seguir siendo una comunidad foral dentro de España.

Navarra estuvo en la negociación política que llevó a cabo Zapatero con ETA, como ha quedado corroborado en las actas de dichas reuniones conocidas recientemente. Los socialistas se defienden argumentando que no se llegó a ningún acuerdo sobre el futuro de Navarra, pero propuestas hubo por parte de los negociadores enviados por Zapatero, y eran de hondo calado político.

La integración de Navarra en el País Vasco es una aspiración histórica del PNV –el fundador de este partido, Sabino Arana, concibió una Euskadi integrada por siete territorios–, y ha sido también un objetivo por el que ETA ha asesinado a 857 personas, 42 de ellas en Navarra, entre las cuales se encuentran los concejales de Unión del Pueblo Navarro Tomás Caballero y José Javier Múgica, amén de varios militares, guardias civiles y policías nacionales.

El PNV, a través del guipuzcoano Joseba Eguibar, no ha tardado mucho tiempo en saltar a la yugular de Sánchez, advirtiéndole de que si facilitara un Gobierno de Navarra Suma, estaría comprometiendo el apoyo de los seis diputados nacionalistas en su investidura.

Lo que pase en Navarra en las próximas semanas –incluido en ayuntamientos como el de Pamplona, donde Navarra Suma se ha quedado a un concejal de la mayoría absoluta– no es para nada una cuestión menor. Es una auténtica línea roja, y si el PSOE la traspasara debería recibir una respuesta contundente de los partidos constitucionalistas afectados, es decir, del PP y de Ciudadanos. Y como es el partido de Rivera el que puede dar o quitar Gobiernos al PSOE en otras comunidades o ayuntamientos, la respuesta es muy sencilla: no se sentará a hablar con los socialistas si en Navarra bloquean un Gobierno constitucionalista aliándose con el PNV, Podemos y ETA-Bildu a través de la abstención. Es evidente que si se da ese supuesto, la negativa de los de Rivera a hablar con el PSOE tendría mucho más fundamento, pongo por caso, que la de no hablar con Vox.

Sin duda que los pactos en la Comunidad o en el Ayuntamiento de Madrid son muy importantes; al igual que los que se lleguen a producir en Barcelona, Castilla y León, Aragón o Murcia. Pero, pensando en España, en su futuro, Navarra es una pieza fundamental. El PNV y los herederos de ETA lo saben perfectamente y no descansarán hasta cobrarse esa preciada pieza. Lo grave es que el PSOE la podría entregar por intereses tan cortoplacistas como una investidura. O quizás haya una razón más de fondo: el proceso que inició Zapatero cuando negoció con ETA es evidente que llega hasta el presente; afecta a Cataluña, a Navarra, al País Vasco, al aislamiento político de la derecha, y da toda la impresión de que Sánchez no tiene ninguna intención de modificarlo. Si la tuviera, la formación del Gobierno en Navarra sería su gran oportunidad para demostrarlo.

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