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Cayetano González

Ni contigo ni sin mí

"No quiero depender de los votos de los independentistas", dice el líder del PSOE. Acabáramos.

Cayetano González
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Cayetano González - Ni contigo ni sin mí
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en el Congreso | EFE

Queda una semana para el Pleno de investidura. Son muchos días y, tratándose de Pedro Sánchez, tiempo más que suficiente para que modifique cada seis horas su postura negociadora con Podemos. De momento, según ha manifestado este lunes en la emisora amiga, da por rotas las negociaciones con Pablo Iglesias, mostrándose además muy indignado con este porque rechazó la oferta, según Sánchez, que le hizo la pasada semana de incorporar al Consejo de Ministros a personas del ámbito de Podemos, pero con perfil técnico. "Es una idiotez", sentenció al respecto el de momento líder de la formación morada.

La factoría Sánchez-Redondo se ha puesto en marcha, y durante estos días intensificarán la presión sobre Podemos utilizando toda la artillería mediática de la que disponen, con argumentos tan básicos como los siguientes: Podemos va a votar en la investidura lo mismo que Vox, es decir, con la extrema derecha; va a impedir por segunda vez –la primera fue en 2016– la investidura de un presidente socialista, y aquello fue un gran error; la consulta a las bases de Podemos es una tomadura de pelo, y en esto, la verdad, es que es difícil no dar la razón al actual inquilino de la Moncloa.

Pero donde la citada factoría se pasa claramente de frenada es en alguno de los argumentos que esgrime Sánchez para pedir el apoyo de Podemos en su investidura, o la abstención del PP o Ciudadanos. "No quiero depender de los votos de los independentistas", dice el líder del PSOE. Acabáramos. O sea que no quiere ahora depender de esos votos, pero no tuvo ningún reparo en aceptarlos hace un año para sacar adelante la moción de censura contra Rajoy. No quiere ahora esos votos, pero en Navarra bien que pacta con el PNV de Geroa Bai y busca la abstención de Bildu para hacerse con la Presidencia de la Comunidad Foral en lugar de permitir que gobiernen los constitucionalistas de Navarra Suma.

No quiere Sánchez los votos de los independentistas, pero blanquea a un individuo como Arnaldo Otegi. No quiere depender de los independentistas, pero en Baleares pacta con quienes defienden el derecho de autodeterminación; no quiere esos votos, pero los acepta en Barcelona, los de Juntos por Cataluña, para hacerse con la Presidencia de la Diputación. Es decir, todo es una gran mentira.

Sánchez no quiere ver ni en pintura, sentados en los sillones del Consejo de Ministros, a personajes como Pablo Iglesias, Irene Montero o Pablo Echenique, pongamos por caso. Y en eso le asiste la razón, porque hacer eso sería muchísimo más que meter a la zorra en el gallinero. Los follones que cualquiera de los citados u otros asimilables montarían viernes sí, viernes también darían mucho juego a los medios de comunicación, pero la inestabilidad que se provocaría haría inviable ese tipo de gobierno.

Es lo que tiene contar sólo con 123 diputados y estar por tanto a 53 de la mayoría absoluta. Puede uno regodearse en que ha ganado las elecciones, subiendo casi 50 escaños, en que ha dejado al PP en 66 y a Podemos en casi la mitad de los que tenía, pero a la hora de hacer las sumas 123 da lo que da. Conociendo a Sánchez, no hay que descartar nada, absolutamente nada, de aquí al próximo martes 23, que es cuando se producirá la primera votación para su investidura.

La lógica de los hechos, de su proyecto ideológico y político, pasa por pensar que querrá seguir liderando un Gobierno de Frente Popular, y eso conlleva contar el apoyo de Podemos y de los independentistas. A día de hoy, parece que lo tiene complicado, y además manifiesta que no quiere esos apoyos. Pero ¿y mañana? Con Pedro Sánchez Pérez-Castejón, el mañana nunca se sabe. Si no que se lo pregunten al Comité Federal de su partido, que lo arrojó por la ventana el uno de octubre de 2016 con el resultado de todos conocido.

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