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Cayetano González

Predique con el ejemplo, presidente

¿Qué tal si hace un poco de autocrítica y admite en público algunos de los múltiples errores que han cometido él y su Gobierno en estas semanas?

Cayetano González
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En su comparecencia televisiva de este domingo, larga y tediosa como casi todas, Pedro Sánchez acuñó un nuevo concepto: el de la "desescalada política", dentro de esa batalla por la imagen, por las palabras, que tanto preocupa y ocupa al inquilino de la Moncloa.

Confieso que he tenido dudas a la hora de titular esta columna. El cuerpo me pedía encabezarla con algo como "Su credibilidad está agotada, presidente", pero luego he pensado que, como estamos en tiempo de Pascua, hay que ser positivo y dar una oportunidad a todo el mundo, incluso a quien, a ojos de muchos ciudadanos, tiene su credibilidad, efectivamente, bajo mínimos.

Si el llamamiento a la unidad que hace el presidente del Gobierno es sincero, lo tiene fácil: que empiece por aparcar el proyecto político e ideológico que viene liderando desde que ganó las primarias dentro de su partido y encauzó cuando se juntó con lo mejor de cada casa para sacar adelante, en junio de 2018, una moción de censura contra Mariano Rajoy, aunque hay que reconocer que para que saliera adelante contó también con la torpeza y la falta de generosidad del exlíder del PP.

La investidura de Sánchez hace cuatro meses, gracias al apoyo de comunistas, independentistas catalanes, nacionalistas vascos y gallegos, herederos de ETA y el inefable diputado de Teruel Existe, seguida de la formación del Gobierno de coalición con Podemos, es todo lo contrario de lo que España necesita en estos momentos. Ese Gobierno, y el programa político que pactó con Pablo Iglesias, es todo menos un Gobierno para la unidad de los españoles que reclama ahora con tanto ahínco. Es el peor Gobierno para el peor momento que vive España desde hace mucho tiempo.

Por eso, si quiere ser creíble, Sánchez debería empezar por lo que puede hacer en su condición de presidente: modificar la composición del Consejo de Ministros y sacar del mismo a quienes, de forma burda y torticera, no han tenido reparos en empezar a aplicar, aprovechando la tragedia del coronavirus, su programa radical y sectario para intentar instaurar un nuevo orden social y económico. Sánchez debe buscar sus apoyos parlamentarios en otras aguas, menos turbulentas y menos sospechosas de querer servirse de esta situación para sus objetivos políticos. El problema del Presidente es que se encuentra mucho más cómodo pactando con Podemos, negociando con Torra o recibiendo el apoyo de Bildu, que buscando el acuerdo con el PP y con Ciudadanos, y no digamos nada con Vox.

Al mismo tiempo, dentro de ese ejercicio de desescalada política que ha pedido en su fervorín dominical, convendría que comenzara a aplicar el cuento a sí mismo y a los suyos: ¿qué tal si hace un poco de autocrítica y admite en público algunos de los múltiples errores que han cometido él y su Gobierno en estas semanas, empezando por el de haber alentado y no prohibido las manifestaciones feministas del 8-M y otros eventos masivos que hubo ese fin de semana?

¿Qué tal si manda durante un tiempo al rincón de pensar a su portavoz parlamentaria, Adriana Lastra, en castigo por la infumable intervención que tuvo la pasada semana desde la tribuna del Congreso, insultando al PP y a Vox? Por cierto, es de suponer que Lastra no se hubiera atrevido a decir lo que dijo sin el conocimiento y consentimiento de su jefe. Es lo que tiene carecer de peso específico propio.

En las próximas semanas se va a poner de manifiesto si el llamamiento a la unidad hecho por Sánchez es sincero. Los precedentes, respecto al grado de fiabilidad de su palabra, juegan en su contra. Muchos españoles tienen grabado en su memoria aquello de "Tanto a mí como al 95% de los españoles les quitaría el sueño la posibilidad de un Gobierno con Podemos", o aquella otra de "Nunca pactaré con Bildu". Son solo dos ejemplos, pero bastante demoledores. Ojalá el presidente sufra una mutación y se comporte como el responsable político que España necesita al frente del Gobierno en estos momentos tan dramáticos.

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