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Cayetano González

Salvar los muebles

La prioridad absoluta en estos cinco días que quedan para volver de nuevo a las urnas es movilizar el voto de ese centro-derecha deprimido.

Cayetano González
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El espacio político que abarcan PP, Ciudadanos y Vox salió el pasado 28 de abril bastante tocado de las elecciones generales. El que más, sin duda, el PP, que bajó de 137 a 66 escaños, el peor resultado de su historia. Vox, aun teniendo un magnífico resultado, 24 diputados, al haber alimentado unas expectativas mucho mayores, experimentó una sensación agridulce. Y Ciudadanos, el que más motivos tenía para estar contento –subió de 32 a 57 escaños–, con el paso de los días fue asimilando la realidad: 57 escaños son los que son, no hubo sorpasso al PP y no se podía configurar una alternativa al Gobierno frentepopulista de Pedro Sánchez.

Con ese estado de ánimo llegan el centro y la derecha a las elecciones autonómicas, municipales y europeas del próximo domingo. Todas las encuestas coinciden en vaticinar el triunfo del PSOE en todas las comunidades autónomas, menos en Navarra y en Cantabria, y en los principales ayuntamientos. En las europeas, el triunfo de la candidatura socialista encabezada por Borrell parece que nadie lo discute.

El problema fundamental no es el estado de ánimo de los líderes de PP, Ciudadanos y Vox, sino el de sus electores, que también sufrieron, en distintos grados, una enorme decepción el pasado 28-A, al ver cómo siete millones y medio de ciudadanos daban su voto a un partido y a un candidato que habían hecho méritos más que sobra para haber sido castigados severamente en las urnas, fundamentalmente por sus coqueteos con los independentistas catalanes e incluso con los amigos de ETA, es decir, Bildu. Muy al contrario, no sufrieron ningún castigo y Sánchez está en condiciones de gobernar durante cuatro años con el apoyo de Podemos y, si fuera necesario, de los independentistas catalanes, del PNV y de Bildu.

Por eso, la prioridad absoluta en estos cinco días que quedan para volver de nuevo a las urnas es movilizar el voto de ese centro-derecha deprimido. Es verdad que sus líderes están haciendo una campaña manifiestamente mejorable, pero en estos momentos lo urgente es animar al electorado y que nadie que el 28-A votó PP, Ciudadanos o Vox se quede el domingo en casa pensando que no hay nada que hacer.

Todavía se pueden salvar algunos muebles, por ejemplo en Madrid –ayuntamiento y comunidad–, donde las encuestas arrojan unos resultados muy ajustados entre el bloque configurado por el PSOE y Podemos y el de PP, Ciudadanos y Vox. En estas elecciones, la famosa Ley D’Hondt influye mucho menos que en las generales, por lo que el elector del centro-derecha no tiene que hacer excesivos cálculos sobre el efecto o la utilidad de su voto. Lo que tiene que hacer es votar y punto. Hay otros lugares: Castilla y León, Murcia, Ayuntamiento de Palma, de Valencia, de Zaragoza, donde también hay margen para la batalla, y hay que darla hasta el final.

El próximo domingo, unos partidos y líderes se juegan más que otros. Es evidente que los que más se juegan son el PP y Pablo Casado. Un segundo mal resultado de los populares colocaría a su joven líder en una posición extremadamente delicada, entre otros factores, porque hay gente en sus propias filas esperándole. Rivera y Abascal se juegan menos, porque los dos –sobre todo el líder de Vox– tienen menos que perder. En cualquier caso, al día siguiente de estas segundas elecciones en el plazo de un mes, y si los resultados confirman lo que apuntan las encuestas, comenzará una doble tarea: la de la resistencia cívica al Gobierno frentepopulista y la necesaria reconstrucción del centro y la derecha, algo esto último que llevará tiempo y exigirá mucha generosidad por parte de todos.

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