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Sin autoridad moral

Cayetano González
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Cuando la pasada semana Otegui fue "paseado" por la CUP y por "Juntos por el Si" por el Parlamento de Cataluña cual "hombre de paz", el Presidente del Gobierno en funciones manifestó que ese hecho hería el sentimiento de las víctimas del terrorismo y de millones de españoles. El sábado, Rajoy estuvo en Durango en un acto de su partido y al referirse a la despedida-homenaje que, salvo el PP y el diputado de UPyD Gorka Maneiro, el Parlamento Vasco había dispensado la víspera al Presidente de Sortu y convicto miembro de ETA, Hasier Arraiz, señaló: "podrán aplaudirlo, jalearlo, reírse de mucha gente, pero nunca tendrán la razón legal ni moral".

Todas estas manifestaciones de Rajoy estarían muy bien, si no fuera porque, como mínimo, la misma herida en el sentimiento de las víctimas y de millones de españoles a la que se refería por la visita de Otegui al Parlamento de Cataluña, provocó el hecho de que en el verano del 2012, su ministro de Interior tomara la decisión política, se supone que con el consentimiento del Presidente del Gobierno, de liberar al secuestrador-torturador de Ortega Lara, Josu Uribetxeberría Bolinaga so capa de padecer un cáncer terminal al que sobrevivió, en libertad, casi dos años y medio.

Las declaraciones de Rajoy sobre la despedida-homenaje al líder de Sortu, serían dignas de ser tenidas en cuenta, si no fuera por el pequeño detalle de que ha sido la inacción de su Gobierno, al no querer aplicar la todavía vigente ley de partidos, la que ha permitido a las diferentes marcas de ETA seguir en las Instituciones, sean estas el Congreso de los Diputados, los Parlamentos y Ayuntamientos del País Vasco y de Navarra.

Sería muy de agradecer que cuando un dirigente político, en este caso Rajoy, no tenga la autoridad moral necesaria para referirse a determinado asunto, lo mejor que podría hacer es abstenerse de realizar declaraciones grandilocuentes que son fácilmente rebatibles por los hechos.

Rajoy y con él el actual PP empezó a cavar su propia tumba y a enterrar en ella su credibilidad y su autoridad moral para referirse a la lucha contra ETA y para apoyar a las víctimas del terrorismo, el 20 de octubre de 2011, cuando tras conocerse ese día el comunicado de la banda terrorista en la que esta anunciaba "el cese definitivo de la actividad armada", el entonces líder de la oposición, desde la sede de su partido en Madrid dijo que "el anuncio de ETA se ha producido sin ningún tipo de concesión política". Posteriormente se supo que esa frase fue añadida por el propio Rajoy de su puño y letra a petición expresa de Zapatero, con el que había hablado instantes antes de comparecer ante los medios de comunicación.

Sabido es que Rajoy, tras la derrota electoral en las elecciones generales de 2008, decidió, por consejo de su asesor áurico Pedro Arriola, dejar de hacer oposición al Gobierno de Zapatero en la cuestión de la lucha antiterrorista. Y de aquellos polvos vienen estos lodos, con episodios tan vergonzantes para las víctimas del terrorismo y para esos millones de españoles a los que se refería la semana pasada Rajoy como la ya citada liberación de Bolinaga o la suelta exprés de un buen número de etarras tras la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en torno a la conocida como doctrina Parot.

Con toda seguridad, el Gobierno de Rajoy no se ha sentado en estos cuatro años a negociar políticamente con ETA como si hizo Zapatero. Pero eso no es incompatible con que la falta de una política antiterrorista del ejecutivo del PP para derrotar total y absolutamente al entramado de ETA, que no son sólo los "comandos" terroristas, haya sido una de las mayores dejaciones de este Gobierno. Y eso es algo que también ha herido la sensibilidad de las víctimas del terrorismo y de muchos millones de españoles.

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