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Tres incógnitas sobre las elecciones europeas

Que PP y PSOE van a recibir un severo castigo no lo duda nadie. Pero las consecuencias de que, a pesar de ese castigo, gane uno u otro no son las mismas.

Cayetano González
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Una vez que el dedo divino de Rajoy se ha posado sobre la cabeza de Arias Cañete, resolviendo de esa manera la duda sobre quién va a encabezar la candidatura del PP en las próximas elecciones europeas, las incógnitas en torno a esta cita electoral que no quedarán resueltas hasta la propia noche del 25-M son las siguientes:

1. La abstención. ¿Hasta donde llegará? El hastío y el cabreo ciudadanos hacia la casta política es de tal magnitud que hace temer lo peor, es decir, que se bata el récord de abstenciones. En las primeras elecciones europeas, celebradas en 1987, la abstención fue del 31,48%. Desde entonces la abstención no ha hecho otra cosa que crecer: fue del 45,29% en 1989, del 40,86 en 1994, del 36,95 en 1999, del 54,86 en 2004 y del 55,1 en 2009.

¿Qué pasaría si la abstención sigue creciendo y llega, por ejemplo, a ser del 60%, o incluso superior? ¿Se limitarían los diversos partidos y líderes políticos en la noche electoral a lamentar la "baja participación" o tendrán un rapto de sensatez y caerán en la cuenta de que algo grave está pasando y la desafección ciudadana es brutal?

2. ¿Quien ganará? La mayoría de las encuestas dan lo que se denomina un empate técnico entre el PP y el PSOE, lo cual, transcurridos sólo dos años y medio de la mayoría absoluta popular, con el peor resultado cosechado por los socialistas desde las primeras elecciones democráticas, es en sí una mala noticia para el PP y una buena para el PSOE.

Que los dos grandes partidos nacionales van a recibir un severo castigo no lo duda nadie. Pero las consecuencias de que, a pesar de ese castigo, gane uno u otro no son las mismas. Si el PSOE saca un voto más que el PP, la primera consecuencia será que Rubalcaba saque pecho y muy probablemente decida presentarse a las primarias que su partido celebrará a finales de año para elegir quien será el candidato en las elecciones generales de 2015. Si Rubalcaba decide presentarse a rebufo de un reciente triunfo electoral, el resto de candidatos, si los hay, lo tendrá complicado.

Además, esa hipotética victoria daría alas al PSOE de cara a las próximas citas electorales, sobre todo a las autonómicas y municipales de la primavera de 2015, que serán cruciales, tan próximas como estarán a las generales de ese mismo año.

De paso, un triunfo socialista abriría una crisis interna en el PP. A pesar del poder total y absoluto que tiene Rajoy sobre su partido, puesto de manifiesto en la forma y manera en que ha designado candidato, una derrota en las europeas pondría muy nerviosos a más de un barón regional y a más de un alcalde importante, que verían peligrar sus parcelas de poder.

Por el contrario, si es el PP quien saca un voto más que el PSOE, Rajoy podrá respirar tranquilo y de paso ahondar en la crisis de liderazgo en las filas socialistas. En ese supuesto, lo lógico es que Rubalcaba decida o le decidan dar un paso atrás, y las primarias se celebrarían con los candidatos que están en boca de todos: Carme Chacón, Patxi López, Eduardo Madina y quizás alguno más, pero sin Rubalcaba.

3. ¿Qué harán los nuevos partidos? Dando por sentado que tanto Izquierda Unida como UPyD tendrán unos resultados –tanto en votos como en escaños– sustancialmente mejores que hace cinco años, la incógnita es si los nuevos partidos –fundamentalmente Vox y Movimiento Ciudadano– conseguirán un resultado aceptable. Las encuestas empiezan a dar representación a ambas formaciones, lo cual es una buena noticia para las recién nacidas.

Movimiento Ciudadano cuenta un buen cartel electoral merced al tándem que forman Javier Nart y Juan Carlos Girauta, y aprovechará sin duda el tirón electoral que tiene Albert Rivera ya no solo en Cataluña sino en el resto de España. En cuanto a Vox, su número uno, Alejo Vidal Quadras, es un político muy conocido y bien valorado por ese sector de votantes del PP desencantado con el rumbo que ha tomado el partido del Gobierno. Al nombre de Vidal Quadras hay que añadir el de Santiago Abascal y el de una persona tan querida y apreciada por la sociedad española como José Antonio Ortega Lara. En contra de Vox cabe señalar el poco tiempo que ha tenido para darse a conocer y el vacío informativo que está sufriendo por parte de los medios afines al poder popular.

En definitiva, las elecciones europeas, por mucho que formalmente se empeñen algunos de los candidatos, se celebrarán y tendrán una lectura en clave nacional. Eso no significa que no interese lo que se cuece en Europa, que de momento interesa lo justo, sino que preocupa mucho más lo que está pasando en España.

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