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Cristina Losada

El hastío como aliado

Las circunstancias favorecen a los partidos más extremos y perjudican a los de centro.

Cristina Losada
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Las circunstancias favorecen a los partidos más extremos y perjudican a los de centro.
LD

Ana Oramas, portavoz de Coalición Canaria en el Congreso, dio una información interesante después de su reunión con el Rey en esta nueva y definitiva ronda de consultas para la formación de Gobierno. Dijo que hubo cuatro días durante los cuales el partido Podemos estuvo dispuesto a abstenerse para facilitar que hubiera un Gobierno presidido por Pedro Sánchez. La investidura, para un mandato de año y medio, habría contado naturalmente con los votos de Ciudadanos, y también con los de PNV, Compromís, IU y la propia CC. Todo ello fue antes de la investidura fallida de Sánchez, pero el acuerdo naufragó por la oposición de un "sector importante" de Podemos.

Esto que ha revelado Oramas resulta verosímil. Además, como dijo en su comparecencia ante la prensa, ella misma estuvo en las mesas de negociación. Ahora que va a empezar en serio el reparto de culpas por la falta de acuerdos, habrá que tenerlo en cuenta. Sin embargo, el principal interés de la información es que confirma que el fracaso del proceso de formación de Gobierno no estaba predeterminado. No fue una decisión que tomaron el 21 de diciembre, después de secreta consulta a los arúspices, los estados mayores de este partido o aquel.

Era difícil que el proceso saliera bien por dos razones al menos: no es sencillo reajustarse a la fragmentación cuando se llevan décadas de bipartidismo; y los fragmentos existentes no encajaban como las simples piezas de un rompecabezas infantil. Así, para el PSOE, que era necesario en cualquier combinación, tenía serias contraindicaciones tanto el pacto con el PP como ir del brazo de Podemos. Pero ninguno de los cuatro partidos en liza pudo tener claro desde el primer día que le interesaba la repetición electoral. Las posiciones se fueron modulando sobre la marcha, como muestra el giro de Podemos del que habló Oramas. Y aun a día de hoy, cuando las nuevas elecciones parecen inevitables, está lejos de ser evidente quiénes saldrán de ellas con pérdidas y quiénes con ganancias.

El factor que podrá decidir el reparto es uno al que ningún dirigente político aludirá en público. Porque es un elemento tan poco presentable como el hastío. El hastío y su consecuencia, la abstención. Tenderán a la abstención por hartazgo con la pelea política los votantes menos identificados con unos colores partidarios, pero no los más afines y militantes. Ya sucede en otras democracias, donde las elecciones no se ganan en el centro, como solía ocurrir. Gana el que logra movilizar más a su tropa, y esto significa que los partidos no intentan atraer a los indecisos con propuestas de consenso; al contrario, acentúan las diferencias y resaltan los asuntos que dividen. Todo ello, en fin, favorece a los partidos más extremos y perjudica a los de centro.

Si la abstención fruto del hastío, va a ser el aliado oculto de algunos partidos en la repetición electoral, se dará una paradoja: tendremos otra campaña de alta confrontación política como preludio de una situación en la que, de nuevo, habrá que pactar. Fantástico.

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