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Cristina Losada

La perestroika laboral

No, señora Valenciano, lo predemocrático estará, en todo caso, en las normas laborales de la época franquista que nunca se han cambiado y que ustedes defienden

Cristina Losada
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Tal es la complejidad de nuestra normativa laboral, que a fin de evaluar la reforma hace falta adentrarse en la espesura con algún conocimiento y un buen machete para abrir camino. De las opiniones de quienes poseen ambos, se infiere que la aprobada no es “la” reforma, sino una reforma. Y una, que de haber un debate político sensato, se probaría y luego se modificaría en aquello que no diera buen resultado.  Pero la sensatez es tan escasa como abundante la infantil voluntad de jugar a los soviets. Así, de  la izquierda no se han oído críticas, sino eslóganes de todo a cien y demagogia de garrafa. Y mira que lo tenía fácil. Porque si un defecto presenta la reforma es que conserva casi intacta la sangrante dualidad entre los trabajadores fijos, beneficiarios de  sobreprotección, y los temporales, que no tienen ninguna.
 
Lejos de indignarse por la permanencia de una desigualdad que desincentiva la formación y la estabilidad, la izquierda clama contra dos de los aspectos positivos del decreto: la flexibilidad interna y el abaratamiento del despido. Miles de empresas cierran porque les sale más barato quebrar que despedir. Muchas se podrían salvar si redujeran jornada y salarios. Sin embargo,  la alternativa del bloque anti-reforma es un maximalista “o todo o nada”. O sea, sigan cerrando. La reducción de los costes del despido aún los mantiene por encima de la media europea, pero los acerca a ella. Ah, resulta que esa aproximación al corazón de  Europa  nos conduce a una “situación predemocrática”. No, señora Valenciano, lo predemocrático estará, en todo caso,  en las normas laborales de la época franquista que nunca se han cambiado y que ustedes defienden.
 
Lástima. Habrá que contar con la ausencia de una oposición solvente, dispuesta a mejorar la reforma en vez de  emplearla como mera munición política. Porque las elecciones andaluzas también están ahí para el PSOE. Sobre todo, para el PSOE. De manera que Rajoy no ha de esperar tanto una huelga general, como un sinfín de  ejercicios de precalentamiento. El destino  de la reforma, sin embargo,  no se decidirá en la calle. Dicho sea de paso, yo celebro que CC.OO. y UGT  se ocupen, por una vez,  de asuntos de su competencia y no de hacer de comparsas de Garzón o de nutrir actos contra Israel. Pero el sobredimensionado poder sindical sólo ha sido un obstáculo cuando los gobiernos han permitido que lo fuese.  El problema reside en  la reforma misma. La perestroika de Gorbachov fracasó porque el sistema era irreformable, pero ésta del PP se puede malograr por no reformar aquello que puede y debe reformarse.  Por no ser, en fin, ni tan ambiciosa ni tan "agresiva".
 

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