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La progre que vio la luz en un cinco estrellas

Habló Talegón de la juventud mejor preparada de la Historia; bueno, pues no forma parte de ella.

Cristina Losada
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Una dirigente española del tinglado internacional de las Juventudes Socialistas ha cobrado notoriedad por una diatriba contra los hoteles de cinco estrellas. Su rechazo a que los delegados de la Internacional celebren sus cónclaves en establecimientos de alto standing le ha dado a Beatriz Talegón sus quince minutos de tuits, que es como ahora se llama la fama. A mí no me sorprende que lograra, por eso, tan meteórica popularidad en España, donde algunos han pasado de permitirse lujos a denostar a quienes se los permiten. Es muy propio, además, de nuestros socialistas ese afán por exhibir virtud en asuntos triviales. El riesgo de jugar al populismo es que a uno le apliquen el mismo rasero, y así, a Talegón ya le echan en cara que se embolsa un alto sueldo. La exconcejal de Cabanillas del Campo quiere que la Internacional se reúna en una tasca, y resulta que fue asesora de la embajada de Castilla-La Mancha en Bruselas y tuvo otras sinecuras en ese destino, que no es barato.

Se dice que la joven socialburócrata sacó los colores a los viejos dirigentes, como si hubiera sido la voz de una pureza socialista frente a la relajación de los que han aceptado la buena vida. Cuidado con los puros, que ahí llegan los fanáticos. Pero sospecho que Papandreu, Ségolène Royal y compañía se avergonzaron por otros motivos. "Me sorprende mucho cómo pretendemos remover (sic) la revolución desde un hotel de cinco estrellas", dijo la mentada. ¿La revolución? Dicho en un comité central del difunto PCUS o en el Movimiento Bolivariano Revolucionario sería lugar común; retórica obligada y trasnochada. Ante el establishment socialdemócrata resulta del todo improcedente. Revela un enorme extravío sobre lo que es la socialdemocracia y, algo que es más inquietante, sobre lo que es una revolución.

La revolucionaria Talegón no es Rosa Luxemburgo y describió así el movimiento de masas:

Cuando la gente está saliendo a la calle en Madrid, en Bruselas, en Beirut, en El Cairo, están reclamando lo que el problema del capitalismo de libre mercado les ha causado en sus consecuencias.

Admito que uno se puede atropellar cuando habla en público, pero me temo que estamos ante un caso de triple analfabetismo: el político, el económico y el otro. El último tiene mal arreglo. Se podrá superar la recesión que vivimos desde 2007, pero no habrá fondos ni rescates que reparen los daños causados por las leyes socialistas en la escuela pública.

Habló Talegón de la juventud mejor preparada de la Historia; bueno, pues no forma parte de ella. Para mí no es representativa de los jóvenes españoles, entre los que hay gente seria, sensata, trabajadora e instruida. Pero si acaso fuera representativa de los jóvenes socialistas, celebro que los carcamales de la Internacional no les hagan puñetero caso. 

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