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Francia contra Rajoy, Bardem con la España progre

La política no ha sido capaz de mantener su lenguaje, su tono, sus procedimientos en el mundo dominado por las redes. Ni lo ha intentado.

La política no ha sido capaz de mantener su lenguaje, su tono, sus procedimientos en el mundo dominado por las redes. Ni lo ha intentado.
Mariano Rajoy durante la presentación del libro "El arte de gobernar". A 14 de enero de 2025 en Sevilla. | EUROPA PRESS

La política francesa ha considerado necesario reprobar duramente una columna futbolística de un ex presidente español en el digital El Debate. Colocó allí Rajoy, que trata de hacer la frase redonda, que la selección francesa, siendo francesa y de alto nivel, no está formada por franceses. Mal informado estaba, porque todos han nacido en Francia. Hasta yo misma, que no soy de fútbol, lo sé. Cosa distinta es que los sentimientos de pertenencia coincidan con la carte nationale d'identité. Cómo se gestiona la divergencia, es un problema.

El desajuste ha aparecido muchas veces en el fútbol. El presidente Nicolás Sarkozy ordenó en 2008 la suspensión de todo partido en el que se pitara el himno nacional, más la retirada inmediata de las autoridades. Lo hizo en una época en que estas manifestaciones de rechazo a Francia sucedían con frecuencia en los partidos, y justo después de una estruendosa pitada al himno en un amistoso entre Francia y Túnez. Desde entonces, se acabó el abucheo de la Marsellesa. En España no hemos tenido que hacer nada de esto, porque aquí se pita el himno sin problemas, sin sanciones y con la tolerancia de los que lo aguantan todo.

La noticia, en cualquier caso, es que el Gobierno francés se arremangue para responder a una frase de un artículo sobre el Mundial publicado en España. El autor fue presidente, pero ya no ejerce ninguna responsabilidad política. Que el Gobierno español, en medio del chorro de imputaciones e informes de la UCO, aproveche para disparar tiene explicación. Toda distracción es bienvenida. Pero, ¿Francia? Où va la France?, por decirlo con el título de Trotsky de los años 30. Han pasado más de veinte años desde la publicación de La France qui tombe, el libro de Baverez que Sarkozy tomó como guía, y el diagnóstico no ha podido mejorar. Se habla mucho de la crisis política británica —¡seis primeros ministros en diez años!—, pero en Francia han tenido siete en el mismo período. Aunque no es por esto que un ministro de Exteriores se pone a enmendar la plana a un colaborador ocasional de un periódico español.

La sobrerreacción de la política francesa a la línea torcida de Rajoy tiene una causa y sólo una, y esa causa es el poder de las redes sociales. Su poder es el de transformar algo que no merece atención en algo que merece toda la atención. La política no ha sido capaz de mantener su lenguaje, su tono, sus procedimientos en el mundo dominado por las redes. Ni lo ha intentado. Se ha rendido. La tiranía de las redes hace que el político se comporte como el adicto a las redes, adicción que consiste en reaccionar a todo, cuanto más rápido y agresivamente mejor. Aunque no son ellos los más favorecidos en esta nueva tiranía invisible.

A quien más favorece la tiranía de las redes es a los tiranos buenos, que son las celebridades, los divos, las divas, los privilegiados habitantes del Olimpo contemporáneo. Ahí, aunque no lo parece, hay tortas para abrirse paso, por lo que el actor Javier Bardem está aprovechando el Mundial para hacerse una promoción. Dicen que es al revés, que hace promoción de la selección española: los buenos son así de generosos. Aún es mejor: ¡hace promoción de España! Si bien no de cualquier España. No de toda España. No de España, en fin. Sólo de la España progresista.

Hay españoles que no se identifican con esta dudosa etiqueta, pero el manifiesto que ha producido Bardem para el Mundial no los incluye. Como tantos defensores de la diversidad, defiende una diversidad excluyente. Su diversidad es políticamente homogénea. Y tautológica: sólo los progresistas defienden la diversidad y la diversidad sólo es progresista. Claro que esto ya no es noticia. Lo es que el Mundial ha caído en manos de las redes y es una noticia pésima.

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