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El Partido Popular ha dado un aviso a navegantes. El PP no es ni será Vox. El PP no se parece ni parecerá a Vox.

Cristina Losada
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El Partido Popular ha dado un aviso a navegantes. El PP no es ni será Vox. El PP no se parece ni parecerá a Vox.
El líder del Partido Popular, Pablo Casado. | EFE

O con el PP o con Vox. El discurso de Pablo Casado explicando el voto en contra de su partido a la moción de censura de Vox ha dejado claro algo que estaba claro, pero no tanto. Porque en el electorado de la derecha, en parte de él, persistía la impresión –la ilusión– de que dejar de votar al PP para votar a Vox era, de algún modo, seguir votando por el PP, si bien por un PP menos apolítico, más ideologizado y más dispuesto a dar batallas, entre ellas, muy singularmente la que se conoce como ‘batalla cultural’.

La infidelidad al PP con Vox resultaba para esos votantes poco costosa en la medida en que podían imaginar que ambos partidos estaban llamados a entenderse, que eran socios naturales, que iban a ir de la mano a la formación de Gobiernos y que incluso era posible, como había mostrado el caso andaluz, que la existencia de tres formaciones, tres, en el campo del centroderecha y la derecha fuera garantía de victoria frente a la izquierda, en lugar de garantía de victoria para la izquierda.

Los populares no habían roto hasta ahora, no con tanto desgarro, la ilusión de que los vasos comunicantes electorales eran un recipiente político común. Pero la moción de censura de Vox se convirtió en un desafío nuclear al partido que aspira a agrupar la mayoría de los votos de la derecha y el centro. No sabemos qué habría sucedido si la moción hubiera seguido el tono de Garriga, pero Abascal perfiló una alternativa completa y contrapuesta al marco discursivo del PP. No sabemos qué habría pasado si, como escribe José María Marco, el líder de Vox hubiera prescindido de su cuestionamiento de la Unión Europea, y si en lugar de ampliar el campo de batalla a la UE, a China, a Soros o a los globalistas se hubiera quedado en el campo de batalla doméstico, con la gestión de la epidemia como tema central. Quizá entonces Casado no hubiera podido sostener que sus diferencias con Vox, además de muchas, son absolutas e insalvables.

El Partido Popular ha dado un aviso a navegantes. El PP no es ni será Vox. El PP no se parece ni parecerá a Vox. Lo dijo Casado con gran claridad: “No es que nos hayamos rendido. No es que seamos cobardes. Lo que ocurre es que no queremos ser como usted. No somos como usted porque no queremos ser como usted”. Este es el aviso a los votantes infieles y a los que puedan sentir la tentación: o ellos o nosotros, no ellos y nosotros. Y si va con ellos, sepa que no ganaremos nunca. “Usted ofrece a la izquierda una garantía de victoria perpetua”, dijo Casado, en coincidencia, por cierto, con lo que viene diciendo Iglesias Turrión.

Con el principal partido competidor, el PP no se anda con chiquitas. Suele ser así entre competidores. En política no hay amigos ni abrazos, salvo por conveniencia. Aunque tampoco las rupturas duran una eternidad.

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