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Cristina Losada

Los magistrados que ponemos no obedecen

Lo que no puede aceptar de ninguna manera el Gobierno es que los magistrados del TC sean desobedientes. Por eso ha montado en cólera. Para que no vuelva a pasar.

Lo que no puede aceptar de ninguna manera el Gobierno es que los magistrados del TC sean desobedientes. Por eso ha montado en cólera. Para que no vuelva a pasar.
Pedro Sánchez. | EFE

Se ha levantado un clamor inusual contra la politización del Tribunal Constitucional. Inusual, digo, porque la norma es que las voces que denuncian esa politización en cualquier circunstancia, sin vincularla a una sentencia en particular, sean pocas y honrosas excepciones. De hecho, tal como se produjo el clamor, que fue alentado por el propio Gobierno, no queda otra que concluir que la tal politización no molesta en absoluto. Lo que molesta, y mucho, es que la politización no dé el resultado apetecido. Qué tremenda decepción. Con lo bien organizado que está el sistema de elección, y lo eficaces que suelen ser las presiones del Ejecutivo, resulta que, cuando menos te lo esperas, aparece una oveja negra.

Sucedió algo parecido cuando el TC tuvo que pronunciarse sobre aquel nuevo estatuto de autonomía de Cataluña, la gran idea de Maragall que Zapatero hizo suya para cerrar con broche de oro el famoso encaje, y que acabaría por desencajar todo mucho más. El Constitucional empezó por tomárselo con mucha calma, pero tras cuatro años sentado sobre el mamotreto estatutario, hubo que resolver, y pasó que el magistrado Manuel Aragón, adscrito al bloque progresista, no votó en concordancia con todo lo que se suponía que debía votar. La sentencia sólo declaró inconstitucionales catorce artículos y adoptó, sobre otros veintisiete, una decisión de carácter interpretativo. No obstante, el modesto recorte le sentó mal al Gobierno socialista de entonces, y el PSC apoyó una manifestación nacionalista contra el TC, de la que el presidente del Gobierno regional, José Montilla, tuvo que salir rodeado de un cordón de seguridad.

La manifestación, esta vez, ha sido virtual, pero también numerosa, agresiva y desinformada. Sigue circulando, por ejemplo, que el TC forma parte del Poder Judicial, y hasta hay gente del Gobierno que lo dice. Pero la mayor desinformación ha consistido en atribuir esta sentencia del TC sobre el confinamiento domiciliario a un voto por bloques ideológicos y a que, como ahora son mayoría los conservadores, ha salido lo que quería la oposición de derechas para dañar al bueno de Sánchez. Es preciso hacer notar que, para la gente pro Gobierno, los magistrados progresistas no tienen tacha de partidismo. Estos son puros y no se someten a órdenes políticas. Todo el mal de la politización lo encarnan, según los desinformados –y desinformadores–, los magistrados conservadores, esos sí, simples peones de las estrategias partidistas.

El pequeño detalle discordante es que dos magistrados del bloque conservador han votado en contra de la sentencia de inconstitucionalidad y una magistrada del bloque progresista ha votado a favor. La supuesta disciplina ideológica se ha roto, y tanto en un bloque como en el otro. Vaya lío. Con tanta oveja negra no salen las cuentas ni los cuentos. Pero mucho cuidado con la insubordinación. El Gobierno podía haber aceptado la sentencia con elegancia y fair play, aunque suelen faltarle esas cualidades. Lo que no puede aceptar de ninguna manera es que los magistrados del TC sean desobedientes. Por eso ha montado en cólera. Para que no vuelva a pasar.

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