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Cristina Losada

Mesa de plurinacionales

Ahí no habrá nadie que sostenga que España es una nación.

Cristina Losada
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Ahí no habrá nadie que sostenga que España es una nación.
Manuel Castells | EFE

El Gobierno se ha plegado a la agenda de Torra. En lo que concierne a la fecha de la mesa, el inhabilitado Torra ha ganado el primer pulso. Un aspecto simbólico, sí, pero no meramente simbólico, cuando todo, empezando por la aceptación de esa mesa, simboliza y representa el repliegue. Si es que hubo alguna vez una posición gubernamental sobre el conflicto provocado por el separatismo catalán de la cual pueda decirse que hay repliegue. Y no, no se puede decir, en rigor, tal cosa. La propia delegación que enviará el Gobierno lo confirma. Sánchez, Calvo, Iglesias, Castells, Illa y Daria son los nombres. Dicen que así van a estar representadas todas las sensibilidades del Gobierno. Hay que discutir ese plural. En lo que se refiere al separatismo catalán, sólo aparece una pauta sensible.

Dejemos a los dos primeros a un lado por su indeterminación o, en el caso de Sánchez, por su tendencia inveterada a contradecirse. Dejemos también a la ministra Darias, de cuya visión del asunto poco sabemos. ¿Qué nos queda? Nos quedan gentes muy sensibles a la fanfarria del separatismo catalán. Nos queda, siendo benévolos, un grupo de plurinacionales. En ello está Iglesias, por supuesto, que también tiene otras gracias, pero la plurinacional muy claramente. Está en ello el presidente del Gobierno, que quiere jugar con la caja mágica de las naciones, lo mismo que el PSC, que fue el inspirador del juego, y cuyo hombre estará ahí, no como ministro de Sanidad, sino como el correo del zar Iceta. Y está en ello Castells, aunque esto merece punto y aparte.

Al conocerse que iba Castells, la pregunta inmediata fue en qué lado de la mesa se va a sentar. Si Asens, primera opción de los comunes para colocar su sensibilidad en el Consejo de Ministros, era un separatista sin paliativos, el sociólogo de origen albaceteño es un nacionalista catalán con adjetivos. Su simpatía por el proceso separatista está documentada en sus artículos en La Vanguardia. Sus diferencias con el proceso que condujo al golpe se reducen, digamos, a cuestiones de procedimiento. Tuvieron demasiada prisa, y la prisa, ya se sabe, no es buena consejera. Por lo demás, los comprende perfectamente. Ss opiniones sobre el proceso judicial del 1-O y la sentencia por sedición lo muestran convencido de que el Tribunal no aplicó la ley, sino pura ideología nacionalista española. Y de que no hay, en España, separación de poderes.

Castells, claro está, no se ve a sí mismo en la niebla y el mito del nacionalismo. Ni siquiera cuando su visión de España coincide en lo sustancial con la que predican el nacionalismo catalán y otros. Para Castells, España o –como prefiere llamarla, al modo franquista, el Estado español–se constituye sobre "la represión de las naciones subordinadas". Expresiones como "la represión histórica del Estado español" o "el autoritarismo del Estado español" salen con fluidez en sus artículos. Pero no sólo es España una represora de naciones naturales y encantadoras. También es una represora histórica a gran escala, una tenebrosa inquisidora, caracterizada "durante la mayor parte de su existencia", ahí es nada, por "los demonios inquisitoriales". La vulgata de la Leyenda Negra en la pluma del sociólogo más citado del mundo, según la Wikipedia.

A lo que íbamos, no obstante. La solución de Castells oscila entre lo plurinacional y lo multinacional. Cuál es la diferencia habrá que preguntarle. Sea lo que fuere, tenemos que en la mesa no habrá nadie que sostenga que España es una nación. No lo sostienen los separatistas catalanes. Y no lo sostiene, que sepamos, nadie de la delegación gubernamental. Lo que establece la Constitución y lo que piensan millones de ciudadanos simplemente quedará fuera del ámbito de las sensibilidades de la mesa. Es, ciertamente, una realidad, pero quizá por eso. La mesa no trata con la realidad. Prueba de su irrealidad es que ni siquiera habrá allí posiciones contrapuestas.

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