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Cristina Losada

Nada aprendimos de las guerras yugoslavas

Mucha modernidad, pero a la hora de poner en su sitio las graves mentiras sobre España, este Gobierno no parece disponer de ningún plan de actuación

Cristina Losada
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Mucha modernidad, pero a la hora de poner en su sitio las graves mentiras sobre España, este Gobierno no parece disponer de ningún plan de actuación
Cascos azules en Bosnia Herzegovina | Min. Defensa

El ministro Borrell dijo hace días que él no era "ministro de asuntos catalanes". Y es verdad, porque los ministros para esos asuntos son la catalanista Meritxell Batet y el propio presidente Pedro Sánchez. Sin embargo, le guste o no, Borrell tiene que hacer frente a la gran empresa exportadora de falsificaciones montada por el Gobierno catalán para ganarse apoyos y simpatías en el exterior, e influir en decisiones judiciales en los países europeos donde se han instalado los golpistas prófugos.

Ahora mismo, Borrell ha tenido que hablar con su homólogo belga sobre una denuncia contra el juez del Tribunal Supremo, Pablo Llarena, presentada por los abogados de Puigdemont, que fue aceptada por un tribunal de Bruselas, que ha citado allí a Llarena en septiembre. Eso, cuando todavía está fresca la gran frescura de los jueces de Schleswig-Holstein, negándose a entregar al cabecilla del golpe por rebelión y sedición, y aún se oye el gran silencio gubernamental al respecto.

Es sintomático, y muy mal síntoma, que un Gobierno que, según sus aduladores, ha modernizado, democratizado y feminizado la imagen de España en un abrir y cerrar de ojos, no se proponga hacer uso de los poderes que le concedería ese nuevo look español para contrarrestar las falsedades exportadas por los independentistas. Es asombroso. Mucha modernidad, mucho champú anticaspa, pero a la hora de poner en su sitio las graves mentiras sobre España, este Gobierno no parece disponer de ningún plan de actuación. Como si estuviera tan paralizado por el temor, la pereza o la ineficacia como el anterior. Como si, igual que el PP, creyera que todo lo que hay que hacer en el foro internacional es hablar con los gobiernos europeos y asegurarse de que seguirán repitiendo que lo de Cataluña es un "asunto interno" de España.

Qué poca visión política. Cuánta miopía. Cuánta cerrazón. Porque no dude el Gobierno de que el separatismo catalán va a redoblar la presión en la arena internacional. Y será un tremendo error, como lo fue del Gobierno Rajoy, considerar que es una arena secundaria y prácticamente irrelevante. No es por un capricho tonto que Torra sacó a relucir, tergiversada, la resolución del Tribunal de La Haya sobre la declaración de independencia de Kosovo. El racista, que editó un libro sobre el tema, titulado La puerta de la jaula, puso como modelo lo de Kosovo justo antes de su entrevista con Sánchez y habló, en línea con su libro, de "la jaula constitucional española". No es Torra tampoco el único kosovar del independentismo. Ni son de ahora las referencias a Kosovo o a Eslovenia: vienen de atrás

La desmembración de Yugoslavia es fuente de inspiración para el separatismo catalán. Lo es por muchos motivos. No es menor el hecho de que se hiciera caso omiso de los tratados sobre la no modificación de fronteras. La comunidad internacional y la entonces Comunidad Europea, en concreto, aceptaron finalmente su transgresión. Alemania se adelantó a todos en el reconocimiento de la independencia de Eslovenia y Croacia, lo cual, como muchos advirtieron, sólo podía conducir a más guerra y a su extensión a Bosnia-Hercegovina, que es lo que sucedió. Pero todos los Estados europeos, por variadas razones, acabaron admitiendo que la única salida era liquidar Yugoslavia, porque ya era demasiado tarde para evitarla.

La cuestión clave es que las garantías sobre la integridad territorial de los Estados se dejan caer ante la fuerza de los hechos consumados. Este es el primer mensaje esperanzador que el separatismo catalán puede extraer de la desintegración yugoslava. El segundo es que las relaciones públicas mueven montañas. El trabajo de los lobbies políticos esloveno y croata fue fundamental para predisponer en su favor a varios Gobiernos europeos. Los nacionalistas croatas consiguieron, además, el apoyo del Vaticano, en razón de su catolicismo. Las promesas de importantes contratos en las futuras repúblicas independientes, de cooperación económica privilegiada y prebendas similares tuvieron también su papel.

Todos los contendientes principales contrataron a importantes agencias de comunicación internacionales. Lo hicieron los nacionalistas serbios, pero fueron los que menos éxito tuvieron en el intento de influir en la opinión pública internacional. Lo que triunfó fue una imagen falsa y simplista, según la cual los nacionalistas croatas eran claramente los demócratas, los que representaban los valores europeos y las víctimas de la agresión serbia, mientras que los nacionalistas serbios eran los antidemócratas, los no europeos y, además, puesto que acababa de caer el Muro, los comunistas. Hasta hoy mismo se tiene a los serbios por los únicos "malos" de la película. O sea, cuarta lección: fabrica un relato de buenos y malos en el que te adornas con cualidades democráticas y europeas que le niegas a tu adversario y preséntate como víctima de agresiones intolerables. Hasta las operaciones bélicas fueron diseñadas en los Balcanes para fijar ese relato en la opinión pública extranjera.

Quinta lección: no estás separando un territorio de un Estado, sino que abandonas un Estado fallido. Esto es lo que siguen diciendo, aún día de hoy, analistas en teoría académicos y en realidad propagandistas del nacionalismo croata. Los separatistas catalanes lo han incorporado a su repertorio. Cada tanto hablan de España como de Estado fallido. Es un subterfugio para hacer más digerible, en la arena internacional, un intento de secesión. Lo que se propone el separatismo catalán es hacer creer que el Estado del que quiere separarse no es propiamente un Estado, que está lejos de ser una democracia, que carece de Justicia independiente, que incumple los estándares europeos y que no cesa de agredir a los catalanes.

En el caso de Yugoslavia, ese conjunto de falsedades funcionó. Es verdad que con una carnicería espantosa, pero obviando la guerra, ¿por qué no va a funcionar para el independentismo catalán? Los dirigentes separatistas han hecho, están haciendo y harán todo lo posible para que funcione. Han tomado lecciones del último gran conflicto provocado por el nacionalismo en el Viejo Continente, y que se saldó a favor del nacionalismo. Los únicos que, por lo que se ve, no han aprendido ninguna de las terribles lecciones de las guerras yugoslavas son los Gobiernos españoles. Y los europeos.

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