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Cristina Losada

Pancho Sánchez y la prensa internacional

Alguna prensa extranjera todavía no ha hecho la Transición.

Cristina Losada
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Alguna prensa extranjera todavía no ha hecho la Transición.
EFE

Estos días, a la vista de ciertos titulares en la prensa extranjera, ha surgido la pregunta de qué ha estado haciendo el Gobierno español por contrarrestrar la propaganda del nacionalismo catalán. Pues con las salvedades de rigor –algunas de ellas muy notables, como esta tribuna en Libération–, una fracción importante del periodismo internacional salía al quiosco con un sesgo favorable al comportamiento del Gobierno autonómico catalán. Y ello tanto a la hora de dar cuenta de los agravios en los que esa conducta tendría fundamento como a la de conceder carta de naturaleza a un derecho a decidir ellos solos sobre la ruptura de España. Por no hablar, que eso va de soi, de la inclinación a presentar como un justificado clamor popular unas protestas callejeras, con su ración de agresividad y vandalismo aparte, ante hechos que el diario italiano La Repubblica tituló como "La guerra catalana" y explicó así: "Madrid detiene a 14 dirigentes del Gobierno de Barcelona".

Luego hablamos de la crisis de la prensa. Pero la pregunta sigue en pie. Y la respuesta a qué ha hecho estos años el Gobierno de España por poner un poco de contexto y de razón frente a la versión interesada de los internacionalizadores de la Generalitat la daba involuntariamente alguien del PP. Lo hacía el máximo responsable del partido en la UE, Esteban González Pons, al decir: "La Generalitat ha hecho un esfuerzo propagandístico y recoge sus resultados". Y antes: "Es verdad que las mentiras de la Generalitat se están colocando muy bien" en los medios.

Traducido: los nacionalistas han hecho un esfuerzo de relaciones públicas con los medios y recogen los resultados; nosotros, que no hemos hecho el esfuerzo, también lo recogemos. El resultado: que se coloquen fácilmente las fabricaciones del nacionalismo en la prensa extranjera. Cosa que, a su vez, sirve a los nacionalistas para infatuarse más todavía, sintiéndose acompañados en su innoble causa por la opinión pública del mundo mundial.

Cierto que hay otro problema, que se añade al problema de relaciones públicas del Gobierno. Cuando se trata de ciertos asuntos españoles, a fin de observarlos y valorarlos, no poca prensa extranjera saca del archivo unos cuantos clichés. Algunos son tan antiguos que su origen puede rastrearse hasta la Leyenda Negra. Otros, más recientes, tienen que ver con la dictadura de Franco, cuya sombra todavía ven planeando sobre la democracia española. Bueno, alguna prensa extranjera todavía no ha hecho la Transición.

Porque saben que ese cliché sigue ahí, listo para su uso en momentos de urgencia, es por lo que los nacionalistas catalanes sublevados contra la legalidad democrática proclaman que su lucha es igual a la lucha contra el franquismo. Ya hay que ser desvergonzado. Además de ridículo. Como dijo el otro día Francisco Igea, diputado de Ciudadanos, según estas y otras luminarias, el franquismo va a ser el único régimen en la Historia que ha durado más muerto que vivo. En cualquier caso, ese recelo hacia la democracia española en parte de la prensa extranjera también condicionó en su día su visión de la ETA. Llevó a que fuera tratada durante años con asombrosa benevolencia en medios que, a la vez, evitaban calificarla de organización terrorista. Cambiar aquella percepción costó tiempo y esfuerzo.

El sesgo favorable a los golpistas en la prensa internacional es lógico que moleste a muchos españoles y a lectores bien informados. Aunque hablar de prensa internacional es un tanto inexacto. Sus cabeceras importantes e influyentes son más nacionales de lo que parece, y de lo que mejor informan y opinan es de los asuntos del país donde tienen su sede principal.

Es famoso que Chesterton dijo que el periodismo consiste en decirle que murió Lord Jones a gente que no sabía que estaba vivo. Pero si Lord Jones no es un lord, sino un personaje de otro país, es probable que el que da la noticia tampoco supiera de su existencia. Podrá documentarse, y lo hará, pero no dispone del fondo de conocimientos con el que cuenta el periodista del lugar. Por eso los corresponsales extranjeros suelen, o solían, leer con mucha atención la prensa del país donde están. Para que, mutatis mutandis, no les pase lo de Pancho Sánchez. Ya saben, la garrafal confusión que se hizo el liante de Julian Assange con nuestro querido personaje de El Quijote.

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