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Profesores de odio

Espero que esos profesores que no lo son, esos maestros de la manipulación política, salgan de las aulas. Espero que esos adultos que se valen de su condición profesoral para adoctrinar no vuelvan a enseñar.

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La directora de los servicios territoriales de Enseñanza de la Generalitat del Baix Llobregat, Núria Vallduriola | EFE

Seis profesores del instituto El Palau, de Sant Andreu de la Barca, han ido a declarar en la investigación abierta contra ellos por un delito de incitación al odio cuyas víctimas son hijos de guardias civiles que tenían como alumnos. Los hechos ocurrieron el 2 de octubre. En los días posteriores al ilegal referéndum, los separatistas, esa grey que se vanagloria de ser la gente más pacífica, culta, educada, europea y demócrata del universo mundo, realizaron feos actos de acoso contra agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional en muchos lugares de Cataluña. Pero no les bastó. No les bastó con ir a insultarlos a los hoteles donde se alojaban, ni con presionar y amenazar para que los echaran de sus alojamientos. Fueron más allá. Siempre van más allá.

Así fue cómo en los centros educativos los profesores separatistas, en nombre de la paz y la convivencia, organizaron actos de protesta contra la actuación policial del 1 de octubre e implicaron a los alumnos en un pronunciamiento político del todo fuera de lugar en las aulas de un país democrático. Así fue cómo los hijos de guardias civiles que estudian en algunos de esos centros llegaron a casa llorando por los comentarios despectivos que tuvieron que escuchar y los actos en los que se vieron forzados a participar para no verse señalados como "fachas" o partidarios de los "asesinos". De ahí las denuncias, que presentaron los padres, y una investigación que abarca a más profesores del mismo instituto y de otros centros.

Los hechos, tal como constan en el verosímil relato de los afectados, descalifican a los profesores implicados como personas y como maestros. Sin embargo, lejos de investigar por su cuenta el asunto, los responsables de Enseñanza de la Generalitat apoyan sin fisuras a los denunciados. Es lógico: la trama del adoctrinamiento en las aulas se mueve desde arriba. Esto no quita un ápice de responsabilidad a los directores de centros y profesores que participan. Al revés, la acrecienta.

Esos profesores, que son antes separatistas que profesores, se entregan a la manipulación política de los alumnos sabiendo que sus superiores no les pedirán cuentas y les respaldarán si alguien los lleva ante la Justicia. Están seguros de que comportándose de la manera en que lo harían los profesores de un régimen totalitario no corren ningún riesgo. Se saben protegidos. Y hay que remarcar la vergonzosa asimetría. Los adoctrinadores están protegidos, mientras que los hijos de guardias civiles a los que sometieron a mortificación aquel 2 de octubre se encontraron totalmente desprotegidos.

Al declarar en la investigación, los profesores se han querido escaquear. Dijeron que el "debate" sobre la actuación policial del 1 de octubre no había sido iniciativa suya, sino de los alumnos. Incapaces siquiera de asumir la responsabilidad de lo que sucede en sus clases, pretenden desviarla hacia los chavales. ¡Fueron ellos! Pues aunque fuera así, que no lo creo. El profesor tenía la posibilidad, incluso la obligación, de reconducir ese tipo de iniciativas. Sobre todo cuando están en línea con su ideología y sus objetivos políticos. Pero aún dieron una explicación-exculpación más abracadabrante. Alegan, así lo dijo la directora de los servicios territoriales de Enseñanza de la Generalitat del Baix Llobregat, Núria Vallduriola, que no sabían que había hijos de guardias civiles entre los alumnos. ¿Y qué? ¿Qué cambia eso? ¿Acaso puede un profesor permitir y alentar comentarios despectivos sobre la Guardia Civil porque no están presentes hijos de miembros de ese cuerpo?

A ver si Vallduriola, que estuvo allí a modo de guardaespaldas de los manipuladores, se atreve a decir lo mismo si un profesor permite en las aulas comentarios despectivos sobre las mujeres, los homosexuales, los gitanos, los judíos o los musulmanes. Ya imagino que no le importaría nada que se hicieran tales comentarios sobre España y los españoles, por eso no lo pongo como ejemplo.

Yo espero que esos profesores que no lo son, esos maestros de la manipulación política, salgan de las aulas. Espero que esos adultos que se valen de su condición profesoral para adoctrinar no vuelvan a enseñar. Espero y deseo que se los inhabilite. Porque no es incompatible ser profesor y ser separatista. No lo es. Pero es incompatible ser profesor y utilizar a los alumnos como carne de cañón para la batalla política. En los centros de enseñanza no puede haber sitio para la pedagogía del odio.

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