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Cristina Losada

Puigdemont, salvajemente

Le engañaron, dice. En consecuencia, se dejó engañar. Uno se tiene que reír. Un enigma, el del tonto, que aún está por desentrañar.

Cristina Losada
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Le engañaron, dice. En consecuencia, se dejó engañar. Uno se tiene que reír. Un enigma, el del tonto, que aún está por desentrañar.

Presenta Puigdemont un libro, construido por el director de El Punt Avui, sobre lo que sucedió entre su investidura como presidente de la Generalitat y diciembre del 2017, y sus pensamientos al respecto. Es un primer tomo, al que seguirá despiadadamente otro. Churchill escribió sus memorias de la Segunda Guerra Mundial en seis volúmenes, aunque después hizo una edición abreviada. El prófugo, ya lo intuimos, no va a abreviar nada. Para contar su versión de lo ocurrido durante un año y diez meses ha necesitado –lo ha necesitado el autor material– casi setecientas páginas. A menor trascendencia, más minucia y más folios.

No se ha tenido noticia cierta de qué le pasaba por la cabeza a Puigdemont durante aquellos meses que condujeron al golpe del 1 de octubre, y es dudoso que este gran esfuerzo editorial arroje luz en el caos. Tampoco es que importe mucho qué pensaba, dado el nivel, nivel que ha vuelto a mostrar en la presentación que realizó online. Como coincidía con el viaje de los Reyes a Cataluña, aprovechó para arremeter contra Felipe VI, cosa que agradará a Torra y a tantos otros. La consigna de los golpistas, entonces como ahora, es acusar de golpistas a quienes se opusieron a su golpe. La novedad descriptiva aportada por Puigdemont es calibrar que ese golpe de Estado, que habría dado el Estado, "se agrava de forma muy bestia antes de octubre de 2017". Una descripción propiamente bestial.

El libro-dietario del prófugo y la presentación reactivan preguntas que han quedado sin respuesta. Porque la cuestión interesante no es qué pensaba Puigdemont. Es qué dejaron de pensar las élites nacionalistas catalanas para poner a alguien de esas hechuras al frente de un Gobierno cuya misión era hacer un referéndum y una declaración de independencia que pusieran en jaque a España. Cómo auparon a un personaje de sainete, a cuyo lado semejan tener empaque hasta los menos engolados de los antiguos convergentes, es un enigma al que sí valdría la pena dedicarle algunas páginas. ¿Fue por un vuelco generacional? ¿Es que una misión fake sólo podía ponerse en manos de un fantoche? ¿Sería, en fin, pura causalidad?

Ahí está, no obstante, el hombre, haciendo de sumo sacerdote del independentismo –en clara rivalidad con el beato Junqueras– sin que los suyos, por más que quieran, si es que quieren, logren retirarlo del cartel. Un dirigente político, se supone, que dice que el Gobierno de España le engañó "salvajemente" aquel octubre de 2017. Le engañaron, dice. En consecuencia, se dejó engañar. Uno se tiene que reír. Un enigma, el del tonto, que aún está por desentrañar. Mientras, sólo cabe citar al dramaturgo: un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que no tiene ningún sentido.

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