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Cristina Losada

Romeva en la BBC

Echarse unas risas a cuenta de los apuros de Romeva no reemplaza a la tarea de tomar en serio los pequeños grandes dogmas del separatismo.

Cristina Losada
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Se dice que Raül Romeva, el number one de la lista única del separatismo catalán, hizo el más espantoso de los ridículos en la entrevista que le practicó Stephen Sackur en el espacio Hardtalk de la BBC. Yo no lo tengo tan claro, pero de entrada hay un par de cosas que resaltar, ya que hablamos del ridículo. La primera es constatar los resultados de llevar las aspiraciones independentistas al plano internacional, la "internacionalización", como lo llamaron sus impulsores. El resultado, tanto de la diplomacia paralela y desleal como del esfuerzo por lograr el apoyo de medios de comunicación internacionales, ha sido verdaderamente escaso, y por escaso, ridículo.

La segunda es otra constatación, ésta dolorosa y reveladora: en una cadena como la BBC se permiten una libertad de discusión y confrontación de los pequeños grandes dogmas del separatismo que no se toman, en sus vis a vis con los dirigentes de la cosa, en ningún medio autonómico catalán y en muy pocos del resto de España. Los comentarios del periodista británico, que hasta llegó a calificar de "nonsense" (tonterías, sandeces) unas afirmaciones de Romeva, son aquí inimaginables en similares circunstancias. Es más, barrunto que un nonsense como ése, proferido por un entrevistador en España, haría que los secesionistas catalanes presentaran una demanda al Tribunal de Estrasburgo por vulnerar los derechos humanos del pobre Romeva. Y, sin embargo, Romeva, allí en la BBC, sonrió.

En realidad, Romeva sonreía todo el tiempo, con sonrisas de plástica variable e intención transparente. Creo que sonrió incluso mientras amagaba una protesta al decirle Sackur que él, Romeva, estaba en contra del capitalismo pero compartía lista con un partido nada sospechoso de anticapitalismo, con el puro establishment, en fin, que es Convergència. ¿Cómo explicar en pocas palabras lo de los extraños compañeros de cama, o que eso del capitalismo puede esperar pero la independencia no?

Aún le resultaría más difícil explicarse, sobre todo tratándose de un hombre que fue eurodiputado en listas de izquierda y abandonó ICV recién en marzo, después de oír el resumen de la causa económica independentista que hizo su entrevistador: "Vosotros os queréis ir porque sois más prósperos y no queréis ninguna clase de redistribución para que vuestra riqueza ayude al resto de España". Y es que alguien predispuesto puede simpatizar un tanto con el nacionalismo de los pobres, pero el separatismo de los ricos rezuma tal egoísmo que se hace universalmente antipático.

El momento que ha dado celebridad a la entrevista fue el dedicado a la cuestión de la UE. Romeva se atrincheró en que la UE no podría expulsar a los siete millones de catalanes: que lo que está dentro no se puede echar fuera. Pero, oiga, ¿no son ustedes los que quieren irse? Pues cuando se vayan de España, repetía aproximadamente Sackur, dejarán de estar dentro de la UE. Ante tal evidencia, Romeva sacó su DNI español como garante: "Yo ahora soy ciudadano español y, por lo tanto, ciudadano europeo". Sí, querido, por eso si dejas de ser ciudadano español dejas de ser ciudadano europeo, salvo que te hagas ciudadano de otro Estado miembro de la UE.

Estas vueltas a la noria de la UE, ese nonsense reiterado de Romeva, es básicamente lo que ha llevado a muchos a considerar que el number one ha hecho, en la BBC, el ridículo más espantoso. Y aunque tal cosa es verdad en ese y otros puntos de la entrevista, a mí no me acaba de convencer el juicio. Los argumentos del nacionalismo separatista son tramposos o falsos, su esencia es mezquina y corrosiva para la convivencia humana, pero precisamente por eso, lamentablemente, no da risa. En España hay gran temor a hacer el ridículo, y se da mucha importancia al hecho de hacerlo o no. Demasiada. Echarse unas risas a cuenta de los apuros de Romeva no reemplaza a la tarea, tan descuidada, de tomar en serio y argumentar seriamente contra los pequeños grandes dogmas del separatismo.

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