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Cristina Losada

Rubalcaba ganará las primarias

Esto no implica que él mismo, en carne mortal, vaya de number one. Podrá elegir sucesor y pasar a la sombra, que es su hábitat natural.

Cristina Losada
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El PSOE ha anunciado que hará primarias a lo largo del año para elegir a los candidatos a las autonómicas, municipales y generales de 2015. En Europa son cada vez más los partidos que adoptan esa costumbre norteamericana, que allí ha respondido, digamos, casi a la pura necesidad. Pero ocurre que los partidos de masas del Viejo Continente se están quedando en cuadro, o sea, sólo con los cuadros. Aunque esto es exagerar un tanto, los datos sobre la pérdida de afiliación en todas las democracias europeas apuntan la tendencia a que los partidos se conviertan en recipientes vacíos. Muy aparatosos, pero con poca chicha.

En tales condiciones, las primarias son una oportunidad para revitalizar una mustia relación con los afiliados y parte de los votantes. Es decir, sirven para movilizar a los propios, cosa que no es tan fácil como parece, de ahí que los partidos teman, ante todo, que el votante se quede en casa el día de autos. Recuérdese lo que le confesó Zapatero al periodista Gabilondo, sin darse cuenta de que el micrófono seguía abierto, al término de una entrevista preelectoral en 2008: "Lo que nos conviene es que haya tensión. A partir de este fin de semana yo voy a dramatizar un poco, si no la gente…". No dijo más, pero creo que la idea de ZP era que la gente, dejada al albur, es muy pasota.

No negaré yo que las primarias, más si se abren a simpatizantes, puedan contrarrestar el pasotismo, dicho sea sin ánimo peyorativo alguno. Porque abstenerse es una opción muy respetable, a pesar de lo inútil. Ahora bien, no se intente colar un proceso de primarias como un paso de gigante en la democratización interna de un partido, que eso es harina de otro costal. Es más, las primarias son ahí un arma de doble filo. Le dan más poder al afiliado común, pero se lo quitan al más activo, al más involucrado en la vida orgánica, que es el que suele –y puede– montar un desafío en regla a la dirección.

Alguna experiencia acumulada en otros países muestra que la tónica general, cuando se consulta a toda la militancia, es que ésta respalde las decisiones y los candidatos de los dirigentes. Así, es perfectamente posible que coexistan en un partido una mayor democratización sobre el papel y una influencia determinante de la elite. Yo diría que ésa es la apuesta de Rubalcaba, y que es una apuesta bastante segura, tal como está el parqué. O sea, que las primarias ratifiquen el proceso de selección de personal que él y su sanedrín van a realizar, prestándole además un bonito barniz democrático. Esto no implica que él mismo, en carne mortal, vaya de number one. Podrá elegir sucesor y pasar a la sombra, que es su hábitat natural.

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