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Cristina Losada

Rubalcaba y el eco del "¡Maura, no!"

Rajoy no es Maura, vaya perogrullada, pero surge ahí algún paralelismo inquietante por cierta actitud hacia la opinión.

Cristina Losada
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El PSOE ha sacado un vídeo con el Watergate porque lee los periódicos en tablet y ya no lee la historia de España. Es más, puede que ya no lea a España. Ciertamente, cualquiera sabe hoy algo más del asunto de Nixon que de la Restauración, que fue cuando no había cintas ni tele ni Youtube. Pero si estamos en buscar paralelismos e historias que se repiten, la campaña del ¡Maura, no!, librada en 1909, es el episodio que más se parece a este ¡Váyase, señor Rajoy! que viene exclamando Rubalcaba.

No había, hace un siglo, ninguno de los mentados adelantos y tal vez por ello eran más poderosos los periódicos. Lo fueron en aquellos meses que decidieron el destino de Maura y, a la postre, de todo el régimen. Se decía que bastaba un artículo para finiquitar a un Gobierno, y de hecho fue por uno publicado en El Imparcial que el Rey decidió dimitir al jefe del Gobierno y del Partido Conservador. Pero no hay que exagerar. Hubo hostilidad contra Maura desde que inició su mandato y arreció en los cuatro meses posteriores a la Semana Trágica.

Naturalmente, no fue sólo la prensa, como tampoco fue sólo la prensa en lo de Nixon, donde ni siquiera fue esencial, tal como señalan –en vano, que el mito siempre gana– Woodward y Bernstein. En la caída de Maura, el trust que agrupaba a los tres diarios de mayor circulación en España –con tiradas hoy envidiables– y a muchos otros tuvo un papel determinante. Pero siempre junto a la actuación de los diputados liberales, con Moret a la cabeza. Cuando cayó el Gobierno, el trust fue recompensado. Le dieron un ministerio a Rafael Gasset, propietario de El Imparcial.

Rajoy no es Maura, vaya perogrullada, pero surge ahí algún paralelismo inquietante por cierta actitud hacia la opinión. "Lo que los liberales llamaban opinión, él [Maura] lo rechazaba como obra de demagogos callejeros" y de una prensa "sonajero", escribió Raymond Carr. Por su desdén por los que intentaban acabar con él por la calumnia, sigue el historiador, "no intentó nunca poner a la opinión de su lado cuando el trust de la prensa liberal se organizó para el ¡Maura, no!".

Rubalcaba, huelga decirlo, no es Moret, pero igual ha lanzado el anzuelo a ver si pica un rival de Rajoy en el partido. Fue explícito: le dijo al presidente que entre los suyos, allí mismo, en la bancada, hay quien le puede sustituir. Un siglo atrás, los de Moret consiguieron que el Partido Conservador se dividiera, Pero ellos también se escindieron. Amenazaron con romper el sistema para liquidar a Maura y acabaron con él y con el sistema. Fue el principio del fin de los dos partidos turnantes y de la Restauración.

En su vídeo watergatero decía el PSOE que la historia se repite, amagando con que Rajoy tendrá que irse a la manera oprobiosa de Richard Nixon. Pero en el mundo político real la deslegitimación se sabe cómo empieza, no cómo termina. Capaz es de llevarse por delante al deslegitimador. Claro que el agit-prop socialista ignoraba la caución marxista sobre la repetición histórica: una vez como tragedia y la otra, como farsa. ¡Ay!

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