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Cristina Losada

Una chica joven y 'glamur'

Qué eficaces son los partidos en la descalificación de aquellos de los suyos que sacan a la luz interioridades disonantes.

Cristina Losada
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Qué eficaces son los partidos en la descalificación de aquellos de los suyos que sacan a la luz interioridades disonantes.

El escritor César Antonio Molina ha sacado un libro que concibió a raíz de su experiencia como ministro de Cultura del Gobierno Zapatero. La caza de los intelectuales no pertenece, sin embargo, al género de las memorias, ni al muy cultivado de las memorias autocomplacientes, en el que se encuadran las publicadas por el propio ex presidente y algún otro de sus ministros.

Así a ojo, que aún lo tengo en la lista de la compra, ha escrito un ensayo sobre la relación de los intelectuales con el poder político, que tiende a conflictiva. La intelectualidad y la política son como dos equipos que están en el mismo campo dedicados a juegos distintos. De paso, paso obligado en quien fue ministro del ramo, Molina incursiona en la relación de la política con la cultura. No en vano el subtítulo del libro es "La cultura bajo sospecha", una línea muy premonitoria, ciertamente, porque a esta obra suya ya se la ha marcado como sospechosa.

¿Sospechosa por qué? Ay, ingenuidad, por qué va a ser. Por hacer un flaco favor al Partido Socialista. Y en época de elecciones, vaya inoportunidad. La cuestión candente es que en entrevistas sobre el libro el autor ha revelado que Zapatero le llamó para destituirle armado con este incontestable tridente argumental:

Me dijo tres cosas, que yo era muy austero y que necesitaba una chica joven y glamur.

Ningún observador de aquella presidencia se llamará a sorpresa por esas tres cargas de profundidad. Tampoco es Molina el primero que airea los criterios de Zapatero en la selección de personal, y en concreto del personal femenino. Nombró a ciertas ministras con una visión similar a la del publicitario que pone a una modelo junto a un automóvil: una visión comercial. Esto era evidente, y su exministro de Cultura se ha limitado a añadir la sal anecdótica.

Pues buena la ha hecho el hombre. Ya le han colgado el sambenito de rencoroso: está dolido, tiene un ego que no le cabe, no ha podido digerir que le echara, ergo no hay que creerle una palabra, y menos la frasecita que pone en boca del ista, ista, ista, Zapatero feminista. De parecido modo han ajusticiado el libro de Joaquín Leguina sobre el expresidente como un producto del resentimiento. Qué eficaces son los partidos en la descalificación de aquellos de los suyos que sacan a la luz interioridades disonantes. Anteponen la lealtad de partido a cualquier otra, y sobre todo, la anteponen a la lealtad a la verdad. La única, por cierto, que debe vincular a un intelectual.

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