Menú
EDITORIAL

Casado y la resurrección de Montesquieu

Lo destacable no es que el PSOE no renuncie a la elección política del CGPJ, sino que el PP retome la bandera de la independencia del Poder Judicial.

EDITORIAL
0

Por lamentable que resulte, no supone novedad alguna que dirigentes socialistas se manifiesten en contra de la división de poderes, tal y como tan clara y bochornosamente ha hecho este jueves el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, al afirmar, sin sonrojo alguno, que, en una democracia, "los jueces no pueden elegir a los jueces".

Ciertamente, desde la ominosa Ley Orgánica del Poder Judicial de 1985, que hizo caso omiso a la literalidad del artículo 122 de la Constitución, los socialistas han venido defendiendo, con aquella proclama guerrista de "Montesquieu ha muerto", que los 20 vocales del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) sean, todos ellos, designados por mayorías del Congreso y el Senado. Desde entonces, jamás un representante socialista ha hecho la menor crítica a ese "obsceno espectáculo de ver a los políticos nombrar a los jueces que pueden juzgar a esos políticos", tal y como, tan tardía como efímeramente, proclamó desde el PP Alberto Ruiz Gallardón en 2012, poco antes de volver a participar su partido nuevamente en ese "obsceno espectáculo" en el que venía participando desde hacía décadas.

Así las cosas, lo destacable –y positivo– no es que los socialistas no renuncien a la designación política de los miembros del CGPJ, sino que el PP de Pablo Casado retome la bandera de la independencia del Poder Judicial hasta el punto no ya de reclamar una reforma de la ley para que una parte de los vocales del CGPJ sean elegidos por los propios jueces y magistrados –tal y como dicta el referido artículo 122 de la Constitución... y como recientemente ha reclamado la Comisión Europea–, sino de exigir la dimisión de Bolaños por manifestarse tan claramente en contra de acabar con el intolerable statu quo de la designación de los miembros del Poder Judicial desde hace 35 años.

Con esta airada y encomiable reacción, Casado no sólo disipa momentáneamente los temores, acrecentados con la defenestración de Cayetana Álvarez de Toledo, de que pudiera volver al cambalache con el PSOE en la renovación del CGPJ, sino que deja a los socialistas como grandes culpables de la interinidad en que está el órgano de gobierno de los jueces desde hace tanto, por su empecinamiento en que los políticos sigan siendo los que elijan a la totalidad de sus vocales.

Si a lo anterior se suma la difícil situación en la que, gracias a un recurso de Vox ante el Tribunal Supremo, se encuentra la fiscal general del Estado, Dolores Delegado –esbirra del Gobierno y de su tóxica pareja, el condenado exjuez Baltasar Garzón–, bien se puede afirmar que no todo está perdido en la batalla por la auténtica separación de poderes, crucial en una democracia digna de tal nombre.

En España

    0
    comentarios