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EDITORIAL

¿Dónde está la regeneración, Pablo Iglesias?

Que la opinión pública tome nota de qué son en realidad aquellos que llegaron a la vida política hace nada con una promesa de regeneración radical...

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Podemos está imputado, así como buena parte de su cúpula. El partido de Pablo Iglesias se enfrenta a una seria amenaza judicial como consecuencia de las múltiples irregularidades que se han ido conociendo, y que sólo refrendan parte de lo mucho que se sabía de una formación que desde siempre ha tenido relaciones con regímenes sin escrúpulos y corruptos, con los que sólo es posible estar en tan estrecho contacto cuando se es de la misma calaña.

Al contrario de lo que hace siempre la banda de Iglesias, no hay que tomar la imputación del partido ultra como una condena, pero sí es un asunto de notable seriedad política y requeriría, cuando menos, unas explicaciones que desde luego no se están dando. Bien al contrario: la reacción de los podemarras ha ido desde el silencio absoluto del capo de Galapagar a los exabruptos contra los jueces del chequista vocacional Pablo Echenique.

Por el momento, los podemarras, otrora adalidades de la regeneración y azotes de corruptos, en lugar de esa transparencia de la que tanto presumían están abrazando el oscurantismo, tratando de que la verdad no salga a la luz: lo hicieron en su momento orquestando una repulsiva y criminal denuncia falsa para desacreditar a su exabogado José María Calvente y lo hacen ahora tratando de frenar la acción judicial apelando a defectos técnicos, en lugar de entregar sin mayor problema toda la información que reclama el juez.

Qué lejos queda aquella sesión en el Congreso en la que el capo Iglesias espetaba a Mariano Rajoy que no era posible que no tuviese conocimiento de lo que ocurría en su partido: una más de las incontables ocasiones en que sus palabras de hace sólo unos años son el mayor ataque que se puede hacer al hoy vicepresidente.

Por otro lado, llama poderosísimamente la atención la cobertura que están dando a este escándalo las televisiones, que le dedican un espacio ridículo en sus informativos, o periódicos como El País, que sumergen la noticia en el fondo abisal de sus portadas. ¿Qué harían si el imputado fuese el PP? No hace falta imaginarlo: basta recordar sus linchamientos salvajes de hace muy, muy poco tiempo.

Sea como fuere, es muy poco probable que Iglesias y los suyos asuman las responsabilidades políticas que ellos mismos y sus terminales televisivas exigían al PP: sólo cabe esperar que la Justicia actúe con libertad, que se llegue hasta el final en los asuntos turbios que están surgiendo y, sobre todo, que la opinión pública tome nota de qué son en realidad aquellos que llegaron a la vida política hace nada con una promesa de regeneración radical...

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