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El clamor de una nación que se niega a suicidarse

Ninguna nación libre puede admitir que la sangre de 859 españoles inocentes sirva como moneda de cambio. No sólo por el respeto que las víctimas del terrorismo merecen, sino porque esa claudicación ante el terror sería el fin de nuestro estado de derecho.

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Decenas de miles de personas arroparon ayer con su presencia el acto convocado por las víctimas del terrorismo en contra de la rendición de la nación española ante una banda terrorista. Ni el desprecio de los principales partidos políticos, ni el vacío orquestado por la mayoría de medios de comunicación, pudo impedir ayer que el clamor de las víctimas del terrorismo se escuchara en el centro de la capital de España, en uno de los lugares que mejor simboliza el sufrimiento de las víctimas del terror nacionalista de los terroristas de ETA como es la Plaza de la República Dominicana, escenario de uno de sus atentados más sangrientos.

Los espléndidos discursos de las víctimas participantes en el acto, además de la emoción de su desgarro, fueron el acta de acusación formal contra un régimen político que, con el consenso de sus principales agentes, pretende orquestar una nueva etapa de concesiones a una banda terrorista para que obtengan por la vía del trapicheo clandestino lo que no consiguieron asesinando.

Ninguna nación libre puede admitir que la sangre de 859 españoles inocentes sirva como moneda de cambio para negociar con los culpables de tanto dolor. No sólo por el respeto reverencial que las víctimas del terrorismo merecen, sino porque esa claudicación ante el terror sería el fin de nuestro estado de derecho.

Toñi Santiago, madre de Silvia, la niña de tan sólo seis años asesinada por la ETA en Santa Pola en 2002, resumió perfectamente en una frase la cuestión principal que se dirime en esta humillante escalada de genuflexiones ante los asesinos terroristas, cuando proclamó que no se puede premiar a los asesinos a costa del sufrimiento de todas las familias destrozadas por ellos. En efecto, por desgracia, eso es exactamente lo que están intentando por todos los medios instituciones sedicentemente democráticas como el gobierno vasco con el silencio culpable y el apoyo cómplice del resto de los actores de esta asquerosa trama.

En el acto de repulsa a las concesiones a los asesinos estuvieron presentes, entre otros políticos, algunos representantes del Partido Popular, pero eso sí, "a título personal". Estaría bien que también a título personal hicieran todo lo posible para que su partido defienda, de una vez y con claridad, el derecho de una nación libre a no arrodillarse frente a una banda de asesinos terroristas. Las víctimas están esperando ese pronunciamiento. Sus votantes también.


 

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