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ZP en RTVE: un espectáculo grotesco… y sin sentido

A pesar de que todo estaba preparado y de que ZP no tenía ninguna intención de aportar información, hay varios detalles que la entrevista ha dejado entrever.

A pesar de que el mismo 19 de mayo en que fue imputado Zapatero prometió dar explicaciones a la opinión pública, no ha sido hasta este jueves, 65 días después, cuando se ha presentado en la televisión pública a ser masajeado por uno de los periodistas –es un decir– más serviles con el Gobierno y el PSOE.

Pero ni aun así: la entrevista ha sido un espectáculo grotesco que ni ha servido para disipar la más mínima duda sobre los negocios presuntamente ilegales de Rodríguez Zapatero, ni ha hecho que por un instante pensemos que Javier Ruiz es algo parecido a un periodista independiente.

Y es que el expresidente socialista no ha dado ninguna explicación coherente sobre las graves acusaciones que pesan sobre él y se ha limitado a decir con mucha vehemencia que es inocente, como si sus declaraciones en un plató televisivo tuviesen más valor que las pruebas recabadas por la Policía y los testimonios ante el juez de otros implicados.

El ejemplo más claro ha sido la forma, ciertamente cómica, en la que ha despachado el asunto de las joyas: ha dicho que no había "afán patrimonial", sea lo que sea eso, que no tenían "uso ni destino" –¡como si una joya tuviese que tener un destino fijado más allá de ser valiosa!– y que desconocía su valor, por lo que "estaban ahí", ha llegado a decir, como si las hubiera dejado en la mesita de noche en lugar de en una caja fuerte. Lo dicho: grotesco.

Sin embargo, a pesar de que todo estaba preparado y de que Zapatero no tenía ninguna intención de aportar información relevante de cualquier tipo, hay varios detalles que la entrevista ha dejado entrever y que tienen no poco interés. Por ejemplo, que el expresidente tiene verdadero pánico a lo que pueda decir Julito Martínez: después de que este le haya dejado a los pies de los caballos con su declaración ante el juez, no se ha atrevido a criticarle: "Respeto todas las estrategias de defensa", se ha limitado a decir.

Y todavía más miedo parece tener de la ya famosa Gertrudis, a la que ha defendido con casi más ímpetu que a sus propias hijas, aunque con argumentos tan peregrinos como que en una empresa es normal decidir, una vez hecho un trabajo, si se factura de una manera u otra.

Ha quedado claro también que, pese a que una y otra vez ha dicho que esta o aquella cuestión se aclarará durante el procedimiento legal, en realidad Zapatero confía en que todo acabe anulándose en alguna instancia judicial, previsiblemente el Tribunal Constitucional controlado por Conde Pumpido o algún otro esbirro de la izquierda. Por eso en cuanto ha tenido oportunidad ha repetido una y otra vez lo terrible que ha sido cómo se ha vulnerado su intimidad y que las filtraciones son intolerables. Todo con un victimismo totalmente fuera de lugar como si fuera la primera vez –"esto no ha ocurrido nunca"– que un político ve en los medios sus mensajes personales.

En definitiva, la entrevista no ha servido de mucho a ninguno de sus dos protagonistas y, más bien al contrario, ha dejado muy claras por un lado las carencias de un entrevistador que engolaba mucho la voz pero le ha perdonado a Zapatero todas las trolas que este ha querido colocarle; y por el otro, que el entrevistado no tiene una estrategia de defensa que merezca tal nombre. O peor todavía: que ese "faro moral" que tanto han reivindicado el PSOE y el Gobierno tiene tan complicado su futuro judicial, hay tantas pruebas en su contra y es tan evidente su implicación que este desastre es la mejor estrategia de defensa posible.

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