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Expertos en escurrir el bulto

Es comprensible –entiéndase la ironía– no acertar a la primera cuando sólo se han tenido cuatro semanas para idear un plan.

El Gobierno es un completo desastre y, si esto no estaba ya más que claro, la invasión de Ceuta ha dejado al descubierto sus numerosas carencias y también su clamorosa falta de empatía y hasta de humanidad. Al menos con los españoles que sufren sus desmanes, aunque también con los ilegales a los que su demencial política condena a la pobreza y la marginalidad… siempre que logren llegar a España con vida, pues muchos –más de un centenar sólo en Ceuta y en sólo dos días– la pierden en el camino atraídos por la promesa de no ser deportados nunca y, por el contrario, ser regularizados más pronto que tarde.

Desde las jornadas aciagas del 30 y el 31 de julio la gestión –por llamarlo de alguna manera– de Sánchez y los suyos ha sido demencial: sin un plan, llena de mentiras, ocultamientos y contradicciones y coronada por el hecho, que ya hasta dirigentes socialistas como Page reconocen en público y muchos más en privado, de que todo ha estado supeditado al deseo del presidente de no ver interrumpidas sus vacaciones bajo ningún concepto.

Vuelto de La Mareta el líder supremo, superado el episodio más que chusco del viaje a Andorra, el Ejecutivo ha hecho al menos el gesto de hacer como que se remanga y se pone a trabajar, pero al dejar atrás la pereza aparece en todo su esplendor la incompetencia: sólo un día después de promulgado el decreto de la situación de interés para la Seguridad Nacional el flamante mando único del asunto, el ínclito Ángel Víctor Torres, ha tenido que reconocer que hay que cambiarlo, al comprobar, parece que sorprendido, que los ceutíes no están por la labor de ceder a los invasores sus polideportivos, uno de los pocos espacios de la ciudad que no están ocupados por una turba de ilegales.

Es comprensible –entiéndase la ironía– no acertar a la primera cuando sólo se han tenido cuatro semanas para idear un plan, pero bromas aparte el episodio es la muestra perfecta de la improvisación con la que actúa el Gobierno y también de su absoluta falta de consideración por los habitantes de Ceuta.

Mientras tanto, con el presidente guardando silencio hasta que ha tenido a bien apoyar a la cadena SER en la nueva temporada radiofónica, los ministros han empezado a pasar por el Congreso para presumir de la excelente gestión de la crisis, una gestión cuyo mayor logro ha sido que unas decenas de miles de marroquíes volvieran a su país por su propio pie y por su voluntad después de haber irrumpido en España sin ninguna oposición y de haber campado por territorio español como por tierra conquistada.

Nadie ha admitido ni va a admitir ninguna responsabilidad, no dimitirá ni el último de los bedeles y lo más probable es que la frontera siga siendo un coladero, la política exterior un desastre y las relaciones con Marruecos algo propio de un relato del marqués de Sade; solo podemos estar seguros de que los ministros y el propio presidente señalarán a la oposición, al Supremo, a alguno de sus compañeros o al sursum corda con tal de escurrir el bulto, es lo único que se les da muy bien.

Pero esta vez, ay, esta vez el bulto es demasiado grande y les ha dejado demasiado en evidencia.

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