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Feminismo, el nuevo chollo de la izquierda

El 8-M no es ni más ni menos que un gran acto de propaganda urdido por el PSOE, Podemos y sindicatos

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Si algo ha demostrado la marcha del 8-M es que la izquierda, una vez más, se ha apoderado de una bandera, en este caso la mujer, como en su día fue la paz o el medio ambiente, para tratar de vender su mísero e inmoral programa político a la opinión pública. Lo triste es que haya partidos que, sin comulgar con esas ideas, hayan caído en su burda trampa electoralista. El 8-M no es ni más ni menos que un gran acto de propaganda urdido por el PSOE, Podemos y sindicatos, como bien prueba el aberrante manifiesto oficial de la manifestación, la detallada organización urdida desde el propio Gobierno o la retahíla de soflamas políticas lanzadas durante la jornada de este viernes.

Pero más allá de su evidente intencionalidad electoral, el feminismo también se ha convertido en un lucrativo negocio para sus precursores políticos. A la falaz lucha contra el cambio climático o la ruinosa y fraudulenta ayuda al desarrollo, se suma ahora el cuento de la defensa de la mujer, que sirve como excusa idónea para seguir multiplicando el número de entes, organizaciones y observatorios en los que colocar a políticos y militantes a costa del dinero de los contribuyentes.

Las cifras son elocuentes. Tan solo en Andalucía hay más de 2.000 asociaciones feministas, y a nivel nacional su número también ha crecido de forma exponencial en los últimos años. Desde 2014, el volumen de subvenciones destinadas a este movimiento ronda las 16.000 y se ha multiplicado por 30, hasta el punto de repartir 150 millones de euros. Un dinero que, sin embargo, no va dirigido a ayudar a las mujeres más desfavorecidas o marginadas, sino a alimentar una amplia y compleja red clientelar que está al servicio del poder político.

Además, el feminismo se sustenta sobre una serie de argumentos y justificaciones que nada tienen que ver con la realidad, empezando por la "brecha salarial", cuya interpretación ha sido manipulada tanto por los partidos como por la mayoría de medios de comunicación. En España, al igual que sucede en el resto de países ricos, hombres y mujeres cobran lo mismo a igual trabajo. No hay, por tanto, ninguna discriminación laboral. La mayor presencia de mujeres trabajando a tiempo parcial o con contratos temporales, debido especialmente al factor de la maternidad, es uno de los principales factores que explican estas diferencias en los sueldos medios, pero en ningún caso la supuesta discriminación de los empresarios, tal y como evidencia la propia Inspección de Trabajo.

Y lo mismo sucede con el tan afamado "techo de cristal", puesto que, hoy por hoy, gracias a la educación y la progresiva incorporación de la mujer al mercado laboral, ambos sexos gozan de las mismas oportunidades para desarrollar una carrera profesional. Lo que sí resulta preocupante, sin embargo, son las demandas del colectivo feminista, puesto que su particular programa político defiende la sustitución del capitalismo por el fracasado modelo de la planificación colectivista y la imposición de un totalitario adoctrinamiento ideológico a estudiantes y funcionarios, así como romper en mil pedazos el principio esencial de igualdad ante la ley, uno de los pilares básicos del estado de derecho y de las sociedades civilizadas.

España, a diferencia de las mentiras que lanzan las feministas, es uno de los mejores países del mundo para nacer mujer debido a su alto grado de inclusión económica, seguridad y ausencia de leyes discriminatorias. Lo que defiende el feminismo actual no solo es falaz e injusto, sino que es la careta bajo la que se esconde la nueva herramienta electoral de la izquierda y, sobre todo, un rentable negocio para el poder político y sus estructuras paralelas.

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