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EDITORIAL

El engendro liberticida de Irene Montero causa vergüenza incluso en el Gobierno

Un proyecto de ley es algo lo suficientemente serio como para que una ignorante en Derecho como la ministra lo elabore sin el menor asesoramiento.

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Asegura en un tuit el Ministerio de Igualdad que dirige la compañera sentimental de Pablo Iglesias, Irene Montero, que el anteproyecto de ley orgánica "de garantía integral de la libertad sexual" persigue "convertir el grito feminista 'Sola y borracha, quiero llegar a casa' en una realidad". Montero debería saber que tan elevada aspiración ya tenía cobertura legal sin necesidad de que elaborara un borrador de proyecto de ley tan chapucero que hace pensar en que se encontraba en esa condición en el momento de redactarlo. Un proyecto de ley –más aún si dice tener la aspiración de proteger un bien jurídico tan valioso como la libertad sexual de los ciudadanos– es algo lo suficientemente serio como para que una completa ignorante en Derecho como Montero lo elabore sin un mínimo de asesoramiento legal y con la única pretensión de convertir en ley una proclama chabacana y utilizarla como arma propagandística en la ominosa manifestación feminista que se celebrará el próximo domingo, Día Internacional de la Mujer.

El engendro de marras es un bodrio jurídico de tal calibre que ha producido estupor hasta en el propio Gobierno social-comunista; al punto de que la vicepresidenta Carmen Calvo y el ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, han debido intervenir, alegando "deficiencias técnicas", para corregir los más burdos errores y que pudiera ser aprobado este martes en el Consejo de Ministros. Así las cosas, cómo sorprenderse de que alguien tan poco sospechoso como Ángeles Álvarez –exdiputada y portavoz socialista de Igualdad en el momento en que se suscribió el Pacto de Estado contra la Violencia de Genero– escribía hace unos días en Twitter: "Las políticas de igualdad no pueden ser el laboratorio de aprendizaje de Podemos, poniendo en riesgo el compromiso social con la igualdad entre hombres y mujeres".

Ya podrá el compañero sentimental de la ministra y vicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias rezongar, en referencia al ministro de Justicia: "En las excusas técnicas creo que hay mucho machista frustrado", que no hará sino confirmar que su desprecio por las bases más elementales de un Estado de Derecho va tan cargado de ignorancia y agresividad como el de la propia Montero. (Eso, por no recordar las declaraciones de Iglesias en las que dijo que le gustaría "azotar hasta que sangrase" a la periodista Mariló Montero. Como para repartir carnés de feminista está el socio de referencia de Pedro Sánchez).

Ya se verá en qué queda la supuesta poda de este peligroso proyecto de ley. Téngase en cuenta que desecha algo tan elemental como es la graduación de los delitos y la proporcionalidad de las penas al eliminar la diferencia entre abuso y agresión sexual, y que considera que el hecho de que no haya habido rechazo físico o negativa verbal por parte de la mujer a mantener relaciones sexuales no significa que haya dado su "consentimiento expreso" a las mismas. No menos inseguridad jurídica introduce al cuestionar el consentimiento que haya podido dar una mujer a unas relaciones sexuales bajo los efectos del alcohol o de otras sustancias; y mención aparte merecería la consideración de "agresión sexual" para un piropo o comentario callejero, por muy soez o degradante que se considere.

Y es que una cosa es proteger la libertad sexual de las mujeres –algo absolutamente innecesario en un país ya libérrimo en este sentido como España (a diferencia de en la República Islámica de Irán, a la que tanto deben Irene Montero y Pablo Iglesias), pero que, para colmo y paradójicamente, hace peligrar este proyecto aberrante– y otra muy distinta pretender que algo tan íntimo como una relación sexual requiera poco menos que un fedatario público y un alcoholímetro para que el varón pueda probar que tuvo el consentimiento "expreso y sobrio" de la mujer en el momento oportuno.

Por otro lado, hay que denunciar que la única voz discrepante del PP ante este disparate con el que izquierda más extrema pretende sustituir la lucha de clases por la lucha de sexos haya sido la de Cayetana Álvarez de Toledo. Ya es lamentable que representantes del PP hayan salido acobardados en defensa de "la libertad de expresión" de La Sexta y no de la libertad de expresión de Álvarez de Toledo, quien tenía todo el derecho –e incluso el deber– de criticar el sectarismo de esa cadena de televisión, auténtico azote de los votantes y principios del PP que además se vuelca en el blanqueamiento del comunismo podemita y del separatismo golpista. Pero la guinda ha sido la confirmación de que el PP acudirá de forma oficial, aun con manifiesto propio, a la liberticida manifestación del próximo domingo, de la que se ha desmarcado la propia Álvarez de Toledo.

Teniendo presente que el PP de Mariano Rajoy fue cómplice de la izquierda en la mal llamada Ley contra la Violencia de Genero –el más grave atentado contra la igualdad de todos ante la ley y la presunción de inocencia que haya perpetrado nunca el Poder Legislativo–, ahora solo faltaba que el PP de Pablo Casado tratara de contentar a la izquierda asistiendo a una manifestación en la que, con toda seguridad, solo recibirá vejaciones e insultos. Luego se quejarán de que los votantes se les vayan a Vox…

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