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EDITORIAL

La Conferencia de Presidentes, un desafuero ilegítimo

Nadie cuestiona la existencia de este ente suplantador que, para colmo, se reúne en una de las sedes de la soberanía nacional.

Nadie cuestiona la existencia de este ente suplantador que, para colmo, se reúne en una de las sedes de la soberanía nacional.
Cristóbal Montoro y Soraya Sáenz de Santamaría | EFE

Este martes se reúne de nuevo la denominada Conferencia de Presidentes de las comunidades autónomas. Una reunión que ha generado tantos titulares por las ausencias –no estarán ni el de Cataluña ni el del País Vasco– como por las decisiones de todo tipo que supuestamente se van a tomar en ella, sobre todo en lo relacionado con la financiación autonómica. Ahora bien, nadie parece destacar lo más importante: un órgano inventado por Zapatero, paralelo, completamente fuera de la Constitución y sin ningún control parlamentario o de cualquier otro tipo se dispone a tomar decisiones de singular importancia para la Nación. Lo más importante y, desde luego, lo más grave e indignante.

Ni los partidos de la nueva política ni los de la vieja cuestionan la existencia de este ente suplantador que, para colmo, se reúne en una de las sedes de la soberanía nacional (el Senado). Es curioso que ni siquiera en los medios de comunicación se llame debidamente la atención sobre este cónclave ilegítimo, tremendo exponente de cómo los políticos se han ido extralimitando en el ejercicio de sus funciones y han creado feudos sobre los que la ciudadanía no tiene el menor control.

Así las cosas, el Rey no debería tener la menor relación con este tipo de aquelarres. Y, por supuesto, el Gobierno debería abstenerse de pedirle que la tuviera: bastante difícil ha de resultarle a Felipe VI cumplir con su papel institucional en el momento político actual como para hacerle cómplice de semejante desafuero.

Por si su evidente anormalidad institucional no fuese suficiente, hay que recordar que la Conferencia de Presidentes nació como concesión –una más– a los nacionalismos, que de nuevo aprovechan las manos tendidas de una manera tremendamente insensata (¿qué se pretende, hacer creer que España es una suerte de confederación?) para volver a exhibir su desprecio a España y a todo lo que representa. El tan cacareado diálogo y el inmoral apaciguamiento con los dinamiteros de la convivencia y el Estado de Derecho no sirve más que para dar satisfacción a los liberticidas. Basta ya de hacer el ridículo y de afrentar a la Nación.

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