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EDITORIAL

La desfachatez del PSOE

La desfachatez que caracteriza a Rubalcaba y a Zapatero se basa en la negación descarada de la realidad tanto como en la proyección sobre los adversarios políticos de los defectos que les son propios.

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Uno de los rasgos más distintivos del socialismo que ha liderado Zapatero y que pretende seguir liderando Rubalcaba es la desfachatez; una desfachatez basada tanto en la negación más desvergonzada de la realidad como en la proyección sobre los adversarios políticos de los defectos que les son propios. Que este rasgo distintivo del socialismo, lejos de amainar, va a más a medida que se acercan las elecciones generales, lo ilustran tres ejemplos bien recientes.

El primero es la repugnante buena acogida que Rubalcaba y Zapatero han brindado a la carta en la que los presos etarras insisten en considerarse "presos políticos", en arremeter contra los Estados de España y Francia por mantenerlos "cautivos" y por su "estrategia de opresión y represión hacia Eukalherria", al tiempo que exigen la "amnistía total" y condicionan el "alto el fuego" a la "resolución definitiva del conflicto que los Estados español y francés han impuesto a Euskal Herria". Cualquier gobierno responsable hubiera acogido como un revés este clamoroso fracaso de su política penitenciaria o, como mucho, lo hubiera disimulado sobre la base de que no hay que hacer caso a unos criminales que ya no están en situación de hacer más daño. Sin embargo, tanto Rubalcaba como Zapatero han tenido la poca vergüenza de celebrar como algo positivo que los etarras presos celebren el aniversario del "Acuerdo de Guernika", como si, en lugar de ser este acuerdo un calco del Pacto de Estella y de los chantajistas comunicados de "alto el fuego" de los terroristas, fuese algo parecido al "Pacto de Ajuria Enea" o incluso al "Pacto por las Libertades". Orwell en estado puro.

Otro tanto se podría decir de la desfachatez de los socialistas en materia de Educación: han denunciado como criticables recortes en materia educativa, lo que no es sino una reordenación de la tarea docente por la que los profesores de la Comunidad de Madrid pasarán a dar clase dos horas más a la semana, una menos que la que permite el reglamento derivado de la LOE por los socialistas aprobada. Al margen de los recortes en materia educativa que ellos han llevado a cabo en las comunidades que aun gobiernan, como Andalucía, no pocos dirigentes socialistas se llenan, además, la boca en defensa de la escuela pública, cuando al tiempo, envían a sus hijos a colegios privados. Tal es el caso, entre muchos otros, del secretario de Organización del PSOE, José Blanco, que ha tratado de justificarlo con la falsa excusa de que en la zona en donde vive no hay centros públicos con educación bilingüe. Lo cierto, sin embargo, es que, gracias al encomiable impulso del gobierno que preside Esperanza Aguirre, Madrid cuenta con más de 160 centros públicos bilingües, siete de los cuales se ubican precisamente en la zona donde vive el señor Blanco. Pero con los socialistas, ya se sabe: "haz lo que yo diga, pero no hagas lo que yo hago".

Finalmente, y en un terreno más amplio de los recortes, es donde se sitúa el más reciente ejemplo de la ilimitada desfachatez de los socialistas. Este miércoles Rubalcaba ha orquestado en todo el país una especie de "jornada de lucha" contra los supuestos "recortes" del PP a cargo de no pocos dirigentes autonómicos socialistas que han dejado una montaña de facturas sin pagar en las comunidades que han gobernado.

Tras dejar el país en la ruina y acometer, como funcionarios y pensionistas bien saben, el mayor recorte en la historia de nuestra democracia, Rubalcaba y sus partidarios tienen la "cara" de arremeter contra lo que, por otra parte, no son sino encomiables y obligados ejercicios de austeridad por parte de algunos gobiernos autonómicos del PP, cuyos recortes van dirigidos fundamentalmente contra el despilfarro –incluido el que supone la existencia de no pocas empresas públicas- y que, por lo tanto, no afectan a las áreas fundamentales del mal llamado Estado de bienestar. Esos recortes no sólo son plausibles, sino que deben ir a más si queremos superar esta crisis de deuda, a la que, en buena parte, nos han conducido los gobiernos manirrotos. Eso, sin olvidar que el mayor y más criticable "hachazo social" es el que han recibido los cinco millones de parados. Claro que eso no lo reconocerán quienes con tanto descaro niegan la realidad y proyectan sobre los demás sus propios defectos.


 

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