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EDITORIAL

La esquizofrenia política de Pedro Sánchez

El PSOE pretende imitar a Podemos por la mañana, para rectificar por la tarde con el fin de no aparecer ante los votantes como un partido desnortado.

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El secretario general del PSOE se rectificó ayer una vez más, esta vez a cuenta de unas declaraciones apresuradas en torno al envío de tropas para combatir a los terroristas del Estado Islámico en Oriente Medio. Si en días anteriores Pedro Sánchez había situado la línea roja de su apoyo al Gobierno en el envío de soldados a los escenarios del conflicto, ayer se desdijo con toda tranquilidad asegurando que los socialistas respaldarán a Rajoy en caso de que decida trasladar tropas terrestres a Irak como parte de la coalición internacional que trata de erradicar la amenaza global yihadista.

Con la de ayer son ya cinco las veces que Pedro Sánchez se ha visto obligado a contradecirse públicamente, tan sólo en el último mes, para evitar las consecuencias de su imprevisión en asuntos tan importantes como la estrategia del PSOE de cara a futuros pactos electorales o tan sensibles como las víctimas mortales de la violencia doméstica. Todo parece indicar que estos frecuentes patinazos son la consecuencia inevitable del afán de los socialistas por conjurar el peligro de Podemos, la formación de ultraizquierda que amenaza con rebasarles en las próximas elecciones, cuyo programa pretenden imitar por la mañana para rectificar a lo largo de la tarde con el fin de no aparecer ante los votantes sensatos como un partido todavía más desnortado.

El nerviosismo de los dirigentes del PSOE y la bisoñez de una Ejecutiva poco curtida en la batalla política diaria está llevando a Pedro Sánchez a protagonizar estos resbalones dialécticos, que dejan en muy mal lugar su pretendida solvencia en la tarea de renovación ideológica en la que dice haber embarcado a su partido. Cuando los dirigentes nacionales actúan con ese nivel de improvisación, no puede resultar extraño que sus franquicias regionales hagan lo propio en asuntos de enjundia, como revela el caso del PSC, todo un ejemplo de esquizofrenia política que camina decididamente hacia su desaparición del mapa político.

A la vista de esos constantes vaivenes conceptuales, cabe preguntarse si Pedro Sánchez cuenta realmente con una estrategia que responda a una línea política clara o, por el contrario, sus improvisaciones recurrentes son el reflejo de una preocupante ausencia de escrúpulos en la que cabe cualquier ocurrencia y su contraria. En todo caso, sus cambios de opinión en asuntos de gran trascendencia están dañando su credibilidad y la de su partido, pero también las posibilidades de que los españoles cuenten con un partido socialdemócrata con la solvencia necesaria para ser una opción de Gobierno fiable, especialmente en tiempos tan convulsos como los actuales.

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