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EDITORIAL

Las víctimas, solas en La Haya

De ser aceptada, además de un evidente peso simbólico, la iniciativa de Covite tendría una importante consecuencia legal: los crímenes de ETA no prescribirían jamás.

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El colectivo de víctimas del terrorismo Covite ha presentado este lunes una iniciativa jurídica en el Corte Penal Internacional de La Haya, por la que pretende que se reconozcan los miles de atentados de ETA como crímenes contra la humanidad.

De ser aceptada, además de un evidente peso simbólico, la iniciativa de Covite tendría una importante consecuencia legal: los crímenes de ETA no prescribirían jamás, es decir, podrían perseguirse penalmente con independencia del tiempo que pasara desde que se cometieran.

La argumentación jurídica de Covite es tan sólida como interesante: los delitos de la banda terrorista fueron un "ataque sistemático contra la población civil" sin que hubiera un "conflicto armado". Además, ese ataque no fue sólo sistemático, sino que también fue planificado por Batasuna dentro de su tristemente famosa estrategia de "socialización del sufrimiento".

A día de hoy, no obstante, la consideración más destacada que se puede hacer respecto de esta noticia no pasa tanto por la solidez de la argumentación jurídica de Covite ni por la importancia que tendría que dicha doctrina fuese aceptada por la Corte Penal Internacional. No, lo verdaderamente reseñable es la soledad en la que una asociación de víctimas se ve obligada a, en un gigantesco esfuerzo económico y humano, defender ante una instancia como el Tribunal de La Haya lo que las instituciones españolas no son capaces de defender.

Los propios promotores de la iniciativa admiten que la idea surgió tras el desastre causado por otro tribunal internacional, en este caso el de Estrasburgo, con su derogación de la Doctrina Parot. Frente a esa decisión tan cuestionable, ni el Gobierno ni la Justicia españoles han sido capaces de articular otra respuesta que, en el mejor de los casos, una pasividad infame.

Desgraciadamente, no es una excepción en la historia reciente de España: durante muy largos y ominosos años, las víctimas del terrorismo han sufrido el zarpazo de los asesinos y la indiferencia, el ninguneo o el vacío de la sociedad y las instituciones. Por eso a muchas de ellas les resulta especialmente doloroso experimentar una regresión en este ámbito justo cuando los que están en el poder son los mismos que hicieron de la causa de las víctimas uno de sus más lucidos estandartes.

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