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EDITORIAL

Los derroches de Carmena y la nueva 'casta'

El equipo de Gobierno de la capital, cuando no da vergüenza ajena por su incompetencia, mueve a la indignación por su injustificadísima arrogancia.

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El movimiento de "los de abajo", que venía a acabar con los privilegios de la clase política, ha demostrado muy pronto que su propensión al derroche, al nepotismo y al trato de favor para con los amiguetes supera con creces los excesos cometidos en otros tiempos por "la casta". En el caso de Madrid, han bastado poco más de tres meses para poner de manifiesto la incompetencia del nuevo equipo de Gobierno municipal y la facilidad de los podemitas para incurrir en los mismos vicios que han venido denunciando desde que salieron a escena.

En Libre Mercado hemos sacado a la luz el último –por desgracia, seguro que no– despilfarro de la alcaldesa madrileña, una de cuyas primeras decisiones fue encargar la remodelación de la zona noble del Ayuntamiento. Manuela Carmena y su troupe de indocumentados aseguraban, con recursos melodramáticos, que su primera preocupación iba a ser alimentar a las decenas de miles de niños malnutridos que según decían hay en la capital y poner en marcha medidas para el "rescate ciudadano". Por supuesto, mentían, y la imagen tercermundista que pretendían dar de Madrid fue sólo una añagaza electoralista.

El engaño fue tan burdo que mientras en sus intervenciones en los medios de comunicación dibujaban un panorama estremecedor de pobreza y privaciones, Carmena y su equipo discutían con los diseñadores la remodelación del Consistorio. Los que iban a acabar con los vicios de la casta han gastado 350.000 euros de los contribuyentes madrileños en acondicionar sus oficinas con el lujo al que se creen con derecho, lo que da idea de la desfachatez con la que actúa este movimiento ultra.

Los casos de nepotismo y favoritismo abundan en el comunismo pijo de amiguetes que despliega esta gente. Este derroche de Carmena es el último hito de un equipo municipal que cuando no da vergüenza ajena por su incompetencia mueve a la indignación por su injustificadísima arrogancia.

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