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EDITORIAL

Merkel y Sarkozy ponen firme a Zapatero

Al haber arruinado a España, al PSOE no le queda más remedio que transigir en algunas normas que atacan directamente sus prejuicios ideológicos más asentados.

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Que Zapatero haya tenido finalmente que claudicar y proponer la aprobación de un límite constitucional al déficit es la prueba más palpable de que nuestra economía depende cada vez más del eje franco-alemán y menos de ella misma. Al final, en las postrimerías de la legislatura, va a ser cierto que Zapatero nos ha llevado al corazón de Europa, pero para transferirle nuestra soberanía.

Es cierto que, pese a todas las cautelas necesarias –la norma abre la puerta a subidas de impuestos, se desconocen los mecanismos para controlar su implementación, todavía no se ha específicado qué nivel de déficit será aceptable...–, la medida de restringir desde la Carta Magna el endeudamiento en el que puede incurrir la administración sería, de aplicarse, positiva y necesaria para apuntalar la credibilidad de nuestras finanzas públicas. Pero es igual de positiva y necesaria ahora como lo era hace siete años, cuando Zapatero aguó la ley de equilibrio presupuestario de Aznar, o como lo era hace un año, cuando Rubalcaba se burlaba de una propuesta similar presentada por Rajoy.

En realidad, no cabe pensar en una repentina conversión del PSOE a la austeridad presupuestaria, sino más bien, como decíamos, en nuestra creciente dependencia económica de la refinanciación que nos proporciona el Banco Central Europeo o de la que nos puede llegar a ofrecer Bruselas.

Al cabo, al socialismo patrio no sólo le faltan credenciales que demuestren su actitud contraria a la acumulación de déficits, sino que otras reformas constitucionales pendientes, como la de sucesión a la Corona, llevan atascadas desde hace años. Pero para sacar adelante esta reforma ha bastado con que Merkel y Sarkozy se reunieran y lo ordenaran en una comparecencia conjunta: Zapatero apenas ha tardado unos días para tramitar su urgente inclusión en nuestra Ley de Leyes.

Está visto que si no nace de nosotros la predisposición a hacer los deberes, nos vendrá impuesta desde fuera. Pero ello sólo demuestra, una vez más, la nula diligencia de nuestra clase política, especialmente de nuestra clase política socialista: como hemos tenido ocasión de comprobar durante estos ocho años, su principio de actuación sólo es el del oportunismo; cambiar de opinión según sople el viento. En este caso, al haber arruinado a España, al PSOE no le queda más remedio que transigir en algunas normas que atacan directamente sus prejuicios ideológicos más asentados. Bien por el fondo pero desastroso por las formas; sobre todo por las formas que dejan entrever una menor soberanía de la Nación.


 

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