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Rivera y el "tonto útil" de los separatistas

Iglesias se ha mostrado indigno no ya de presidir el Gobierno de la nación a la que desprecia, sino de desempeñar cualquier papel relevante en la política española.

EDITORIAL
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Albert Rivera y Pablo Iglesias han sido los grandes protagonistas de la segunda sesión de la moción de censura de Unidos Podemos contra Mariano Rajoy, que se ha saldado, tal y como era previsible, con una rotunda derrota neocomunista.

Lo cierto es que Iglesias, dejando al margen toda argumentación, se ha limitado a descalificar al líder de Ciudadanos poniendo en duda su "capacidad intelectual", afirmando que "presume en público de lo que carece", acusándolo de "no leer" a los autores que cita y tachándolo de "vendedor de productos bancarios" y de "escudero del PP".

Sólo un enemigo del comercio que ha vivido siempre del dinero del forzado contribuyente y que lleva a gala tener un programa económico que espanta a los inversores y a los empresarios puede utilizar como reproche contra Rivera el hecho de que el programa de Ciudadanos tenga buena acogida entre los creadores de riqueza y de puestos de trabajo. No menos lamentable es que Iglesias haya descalificado a Ciudadanos como "escudero del PP", si se tiene presente no sólo que Podemos votó junto al PP en contra de un Gobierno alternativo liderado por el PSOE, sino, sobre todo, si se repara en las compañías infinitamente peores que Podemos se ha buscado en esta moción de censura: la de los proetarras de Bildu y los golpistas de ERC. No sabemos, finalmente, en qué se basa el pretencioso personaje para acusar a Rivera de no haber leído a los autores que cita, como Dickens, Savater, Azaña o Solé Tura, cuando lo cierto es que los que no parecen haber leído a sus autores de referencia son el propio Iglesias e Irene Montero, que sin vergüenza han citado a Jordi Solé Tura, firme detractor del derecho de autodeterminación, y a Clara Campoamor, tan vilipendiada por la izquierda siniestra de la que se proclaman herederos los neocomunistas de Podemos.

Frente a un Iglesias que concibe la política como espectáculo, Rivera ha reivindicado el trabajo parlamentario y las medidas impulsadas por Ciudadanos para conseguir mejoras en los ámbitos social y económico. Frente a un Iglesias partidario de demoler la casa común de España en comandita con los separatistas, Rivera se ha mostrado partidario de unas reformas que fortalezcan la unidad nacional.

Precisamente en el terreno de la defensa de la unidad nacional es donde Rivera ha estado especialmente acertado, al acusar al líder de Podemos de ser un instrumento de los separatistas y de "no tener un modelo de país"; "tampoco de nación, porque no sabemos cuántas naciones tiene usted en la cabeza", le ha ridiculizado.

En conclusión: si Iglesias salió mal parado de su cara a cara con Rajoy, este miércoles Rivera ha terminado de darle la puntilla. El candidato a la presidencia del Gobierno de España apoyado por el partido preferido de ETA y por los grotescos golpistas de la Esquerra ha quedado en pavorosa evidencia, y se ha mostrado indigno no ya de presidir el Gobierno de la nación a la que desprecia, sino de desempeñar cualquier papel relevante en la política española.

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