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Sánchez y la inmigración: el fracaso de la propaganda

Sánchez y su equipo han dejado claro que no son capaces de gestionar un asunto de evidente complejidad como es la cuestión migratoria.

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En pocas ocasiones un gobierno ha quedado en evidencia de una forma tan rápida como lo ha hecho el de Pedro Sánchez en el tema de la inmigración. Sólo unas semanas han bastado para pasar de una política inmigratoria con puertas abiertas, despliegue de cámaras y privilegios de todo tipo a la llegada semiclandestina de barcos que ni siquiera se avisa al alcalde del puerto que los recibe, tal y como ha contado el alcalde de Algeciras, José Ignacio Landaluce, en Es la Tarde de Dieter.

Para empezar Sánchez y su equipo han dejado claro que no son capaces de gestionar un asunto de evidente complejidad como es la cuestión migratoria. Hay decenas de miles de personas en Marruecos esperando cualquier oportunidad para llegar a España y millones en el norte de África tratando de alcanzar Europa, y para ocuparse de ese enorme problema es necesario desarrollar una gestión complicada, en diversos frentes que van desde el mero trabajo policial hasta la dificilísima labor diplomática en Europa y con Marruecos, pasando por la coordinación de múltiples recursos para atender a los que de una forma u otra pisen nuestro país.

Nada de eso está sabiendo hacer el Gobierno, que se ha limitado a gestos de grandilocuente propaganda pero evidentes consecuencias negativas y que, mientras no ha tenido tiempo de coordinar la situación en lugares como la propia Algeciras que están cerca del colapso, sí lo ha encontrado para criticar a todo aquel que señalase cómo está degenerando la situación.

Pero lo cierto es que mientras Sánchez tuvo el otro día la desfachatez -y el escaso sentido del ridículo- de afirmar que hasta su llegada a Moncloa no había habido política migratoria, él ha tenido que cambiar la suya en un tiempo récord desde la fiesta y las salvas que dieron la bienvenida al Aquarius hasta el silencio vergonzante y el trato de patera con el que se ha recibido al Open Arms.

La peor noticia para Sánchez y los suyos es que la inmigración no va a ser el único asunto en el que su propaganda se va a derrumbar como un castillo de naipes. En prácticamente todos los demás campos -Cataluña, economía, política antiterrorista, relaciones con el Parlamento…- su política está siendo tan oportunista y cortoplacista como mal estudiada, así que esta no será la excepción sino más bien la primera de un larga lista de decepciones, fracasos y marchas atrás.

Gobernar se está revelando como algo bastante más complicado de lo que el presidente y su equipo parece que pensaban, resulta que no basta con montar carísimos anuncios publicitarios, que en política las ocurrencias aparentemente brillantes pueden salirte caras y, en suma, que si nada cambia la historia de amor de Sánchez con el poder va a ser bastante más corta de lo que él creía.

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