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La derrota de los reaccionarios

La regeneración puede empezar por Andalucía. Esperemos que los dirigentes de los partidos constitucionalistas estén a la altura.

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Ortega Smith, Serrano y Abascal, el domingo 2 de diciembre | EFE

El 2 de diciembre los reaccionarios de la anti España sufrieron una derrota histórica en Andalucía. Sus caudillos y amanuenses saturan el espacio con voces de alarma por la entrada de 12 diputados de Vox en el Parlamento andaluz, con la torticera intención de ocultar que el que ha quedado fuera de competición ha sido el caballo de Troya de las verdaderas fuerzas retrógradas. El descalabrado PSOE de Pedro Sánchez paga el precio de ser el colaboracionista contumaz de los reaccionarios secesionistas catalanes que imponen en sus dominios el supremacismo identitario, la discriminación de los disidentes, el lavado de cerebro desde la cuna, la ruptura con España y por añadidura con Europa y la civilización occidental, la desobediencia a la Constitución y las leyes, el fomento del odio cainita, la mitificación del pasado feudal y el afán de hurgar en las heridas de la Guerra Incivil. Involucionismo a tutiplén.

Gangrena plurinacional

Los derrotados en Andalucía sí que son los reaccionarios de pura cepa que operan gracias a la intermediación del PSOE pedrosanchista. Reaccionarios cuya hostilidad etnocentrista a la sociedad abierta y plural está emparentada con la de los totalitarios flamencos, húngaros, polacos, finlandeses, austríacos e italianos que marchan, prietas las filas, por la ruta del populismo nacionalista. Y la apisonadora pasó igualmente por encima de la banda chavista de Adelante Andalucía, que aporta a la ofensiva antiespañola los detritos del leninismo y la gangrena plurinacional que la mafia cocalera puso de moda en Bolivia. También son reaccionarios estos revolucionarios de pacotilla, como explicó Horacio Vázquez-Rial en su profético La izquierda reaccionaria (Ediciones B, 2003), donde relató:

Hace unos años, con motivo de la celebración del V Centenario del descubrimiento de América, fue invitado a España, no recuerdo por cuál de las instituciones que cuestionaban la idea misma de celebración, un dirigente indígena ecuatoriano, quien, tras oponer su propia particularidad al conjunto de Occidente, reivindicando la medicina indígena frente a la medicina blanca y las técnicas agrarias precolombinas frente a las de los blancos, es decir, el buey frente al tractor, soltó una frase que debe de haber hecho las delicias del señor Arzalluz: "Nuestro futuro es nuestro pasado". Probablemente no lo supiera, pero venía a coincidir con Herder, con De Maistre o con Barrés en su elogio del prejuicio útil, el prejuicio nacional, y con los teóricos de la circularidad de la historia.

Cordón sanitario

Lo que queda claro tras la debacle de los partidos conchabados con el secesionismo y de sus acompañantes promotores del caos y la balcanización, es que el bloque constitucionalista y defensor de la unidad de España es mayoritario en Andalucía. Existen diferencias -algunas abismales- entre los partidos que componen dicho bloque, pero el cordón sanitario que urge levantar en esta etapa crítica del Reino de España es el que nos protege de la tropa insurgente y de sus cómplices instalados en la Moncloa.

Es revelador, en este contexto, que quienes ponen más empeño en romper el bloque constitucionalista, haciendo hincapié en el ultraderechismo de Vox, son los mismos que se amanceban con la patulea secesionista. ¿Acaso se abrazan con esta porque desconocen su naturaleza patógena? No, no la ignoran. Hace exactamente un año Marius Carol, director de La Vanguardia, escribía: "O enterramos el procesismo o cavará nuestra tumba" ("Salir de la rueda del hámster", 4/12//2017). Podrían haberlo firmado Rivera, Casado o Abascal. Y ahora nos alecciona en su diario ("La palabra más buscada", 4/12/2018):

No hay que precipitarse a la hora de calificar de fascistas a algunos partidos, pero que el discurso machista, homófobo y racista de Vox haya obtenido 12 diputados en Andalucía es preocupante. (…) Y lo que no se entiende es que PP y Cs no sientan pudor por estar dispuestos a pactar con ellos.

Coquetean con los sepultureros

Lo que no se entiende es que los portavoces de la burguesía catalana, conscientes de que el procesismo está cavando sus tumbas, coqueteen con los sepultureros y repudien a quienes se proponen salvarlos de los necrófilos. Con el agravante de que estos gobiernan cuatro provincias del Reino de España aplicando, con el apoyo de una minoría de votantes, una política tribal cargada de componentes autoritarios, xenófobos, racistas y retrógrados que Vox no parece estar predispuesto a copiar en un futuro próximo ni en condiciones de hacerlo. El motivo de alarma para la sociedad democrática no reside en el hecho de que Vox tenga 12 diputados en el Parlamento de Andalucía, sino en la anomalía de que los reaccionarios hispanófobos controlen el de Cataluña gracias a una ley electoral tramposa.

Lola García, directora adjunta de La Vanguardia, interpreta el triunfo del constitucionalismo como un "tsunami españolista anticatalán", y añade, para congraciarse con quienes cavan la tumba de Cataluña y con sus socios pedrosanchistas ("Las lágrimas de Boabdil", 3/12):

Las voces que abogan por ahondar en el entendimiento con el independentismo catalán van a quedar ahogadas por el estruendo de un discurso que azuza los bajos instintos y abona la fractura social.

Olla podrida

Nada más falso. El tsunami anticatalán no es españolista ni parte de Andalucía: sus focos tóxicos están en el palacete de Waterloo y en el Palacio de la Generalidad, donde se incuba el odio que fragmenta y empobrece a Cataluña. Y los reaccionarios que azuzan los bajos instintos y abonan la fractura social en Cataluña tienen nombre y apellido desde la época del nada honorable Jordi Pujol hasta la del prófugo de la justicia Carles Puigdemont, pasando por la del zombi Artur Mas. Sus iniquidades culminan cuando el independentismo ahoga el entendimiento con la racionalidad valiéndose del cavernícola Quim Torra, que estimula a los energúmenos de ANC, CDR, CUP y los restantes tentáculos de la subversión para que "aprieten" en sus asaltos al Parlament, instituciones públicas, casas de jueces y opositores, fuerzas de seguridad y otros objetivos de los vándalos golpistas. Con el apoyo explícito de la ultraderecha clerical que cede el monasterio de Montserrat para ayunos sectarios (LV, 5/12) y cuelga esteladas en sus campanarios, mientras anda a la greña con la funambulista antisistema Ada Colau, que combina su aversión a la Mercé y la Navidad cristianas con los guiños de simpatía a los supremacistas recalcitrantes. ¡Vaya olla podrida!

La regeneración puede empezar por Andalucía. Esperemos que los dirigentes de los partidos constitucionalistas -de todos los partidos constitucionalistas- estén a la altura de sus responsabilidades. Y como argumentó con buen criterio Albert Rivera, también es importante recuperar para este bloque a los auténticos socialistas, indignados por la traición del arribista amoral Pedro Sánchez y sus secuaces.

PS: Marius Carol vuelve a extorsionar a PP y Cs para que no pacten con Vox ("No vale todo", LV, 6/12) y pone como ejemplo a Francia, "donde la derecha y la izquierda han puesto unas líneas rojas con los ultraderechistas, que resultan una garantía para una sociedad democrática que cree en la libertad y que defiende unos valores compartidos donde figuran el respeto, la tolerancia y la solidaridad". Precisamente por tratarse de una sociedad democrática que cree en la libertad y en estos valores, Francia practica una política que los sediciosos llaman "jacobina", y si en cualquiera de sus regiones apareciera una tribu secesionista de cuño totalitario que, como la que castiga a Cataluña, fuera irrespetuosa, intolerante e insolidaria, los ciudadanos se unirían sin discriminaciones para abortar su golpe faccioso.

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