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Eduardo Goligorsky

La tentación peronista del Papa

Es alarmante que un argentino vulnerable a la tentación del peronismo pueda influir espiritual y políticamente sobre 1.200 millones de católicos.

Eduardo Goligorsky
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Es alarmante que un argentino vulnerable a la tentación del peronismo pueda influir espiritual y políticamente sobre 1.200 millones de católicos.
EFE

En mi artículo "Acoso peronista al Vaticano" (LD, 20/3/2013) evoqué los choques que Jorge Mario Bergoglio había tenido con Néstor y Cristina Kirchner, cuando todavía era arzobispo de la ciudad de Buenos Aires, por el rigor con que criticaba la corrupción y el autoritarismo que contaminaban sus sucesivos mandatos presidenciales. Y pronostiqué en el mismo artículo que la megalómana Cristina no ahorraría argucias para cooptarlo cuando se convirtió en el papa Francisco.

Artes demagógicas

Ahora es difícil confirmar si logró cooptarlo o no, porque Francisco tiene su propio arsenal de estratagemas para transitar por la cuerda floja. Sin embargo, hay un hecho incontrovertible: la contigüidad de Bergoglio con los círculos de poder de Argentina le inspiró la tentación de practicar las artes demagógicas del peronismo. Nada menos que alguien tan prudente como el secretario de redacción del diario argentino La Nación, Jorge Fernández Díaz (no confundir con su homónimo el ministro de Interior de España), escribió, comparando al Papa con el viejo líder en el clímax de sus trapicheos (LN, 19/7):

Después de su gira populista por América latina, este Perón del 72…

Fue en este intercambio de guiños cómplices con los dictadorzuelos latinoamericanos que el papa Francisco destiló una buena dosis de esa habilidad para cambiar un principio por otro que asocia al peronismo con el grouchomarxismo. En el vuelo de regreso, la corresponsal de La Nación, Elisabetta Piqué, le preguntó (13/7):

¿Santidad, qué sintió cuando vio esa hoz y el martillo con el Cristo encima que le ofreció el presidente Morales?

Respondió el papa Francisco:

Es curioso, yo no conocía esto y no sabía que el padre [Luis] Espinal era escultor y poeta encima. Cuando lo vi para mí fue una sorpresa. Segundo, se puede calificar como el género del arte de protesta. Por ejemplo, en Buenos Aires, hace algunos años, fue exhibida una muestra de un escultor bueno, creativo, argentino, que ahora está muerto. Era arte de protesta y yo recuerdo uno que era un Cristo Crucificado sobre un bombardero que iba bajando. Era una crítica del cristianismo aliado con el imperialismo que bombardea.

Montar escándalos

Vayamos por partes. El escultor argentino, bueno, creativo, era León Ferrari, premiado con el León de Oro en la Bienal de Venecia (2007), cuyas obras se exhibieron en la Bienal de San Pablo, el MOMA y el Reina Sofía, entre otros muchos museos. El avión era estadounidense, implicaba un alegato contra la guerra de Vietnam y se sumaba a otras obras suyas de contenido político, tanto de homenaje al Che como de denigración de Estados Unidos y el capitalismo.

Sin embargo, lo que Francisco define ahora como el arte de protesta de Ferrari consistía sobre todo en montar escándalos contra la religión católica en su condición de miembro fundador del Cihabapai (Club de impíos herejes apóstatas blasfemos ateos paganos agnósticos e infieles). Su obra maestra fue una jaula donde unas palomas dejaban caer sus excrementos sobre la reproducción del Juicio final de Miguel Ángel exhibido en la Capilla Sixtina. Abundantes obras menores mostraban a santos y vírgenes en sartenes, licuadoras y ralladores de queso que simbolizaban el infierno. Sin olvidar una Última cena protagonizada por un orangután y ratas de goma. Al verlas, hace mucho tiempo, mi ateísmo liberal me empujó a escribir en el libro de visitantes de una de sus exposiciones (cito de memoria):

Si León Ferrari atacara todas las religiones, incluida la marxista-leninista, con la misma furia con que ataca el catolicismo y la sociedad democrática, lo definiría como un librepensador iconoclasta desmadrado. Pero su fobia sectaria exclusivamente anticatólica y anticapitalista me convence de que es un vulgar secuaz obediente del agitprop comunista.

Una muestra de las obras de Ferrari en el Centro de Cultura Recoleta de Buenos Aires, que dependía de la Municipalidad, fue clausurada por un juez y reabierta por otro. El entonces cardenal Bergoglio no mostraba su faceta de tolerancia progre con el llamado arte de protesta que coloca a Cristo tallado sobre la hoz y el martillo. Informaba La Nación (2/12/2004):

"Desde hace algún tiempo se vienen dando en la Capital algunas expresiones públicas de burlas y ofensas a las personas de Nuestro Señor Jesucristo y de la Santísima Virgen María, así como también a diversas manifestaciones contra los valores religiosos y morales que profesamos", dijo Bergoglio en una carta pastoral dirigida a los sacerdotes.. (…) "Hoy me dirijo a ustedes muy dolido por la blasfemia que es perpetrada en el Centro Cultural Recoleta con motivo de una exposición plástica". (…) Y exhortó a que "frente a esta blasfemia que avergüenza a nuestra ciudad todos unidos hagamos un acto de reparación y petición de perdón el próximo 7 de diciembre”, vísperas del Día de la Inmaculada Concepción. Bergoglio invitó así a los creyentes a “un día de ayuno y oración” como desagravio a lo que entiende es una ofensa a los símbolos religiosos más sagrados.

Fetiche necrófilo

El Cristo tallado sobre la hoz y el martillo no despertó la misma indignación en el Papa. La semilla totalitaria que germina en el peronismo fomenta la empatía con las corrientes ideológicas más atrabiliarias. El símbolo de la hoz y el martillo estuvo asociado, desde sus orígenes, a la matanza de los adversarios y disidentes. Millones de creyentes de todas las religiones murieron asesinados por los servidores de ese fetiche, tanto en las purgas como en el Gulag, y la ironía de la historia quiso que junto a ellos corrieran la misma suerte los mencheviques, socialrevolucionarios, anarquistas, trotskistas y veteranos bolcheviques que habían depositado su fe en falsas utopías laicas. Pero el fetiche necrófilo no le quemó las manos al Papa cuando se lo entregó Evo Morales.

Bergoglio tampoco sintió la necesidad de pegar un puñetazo al dictadorzuelo como prometió asestarlo al amigo que dijera una mala palabra de su madre, en una desafortunada alusión a la masacre de Charlie Hebdo. Para él, publicar caricaturas de Mahoma, como habían hecho las diecisiete víctimas del ataque a la revista, era más punible que tallar un Cristo en el infame mamarracho de la hoz y el martillo. Otro síntoma de la tentación peronista. ¿Habría aceptado igualmente una esvástica, remontándose a los orígenes bastardos del peronismo, inicialmente financiado por la Alemania nazi?

Entretener a los giles

Todavía perduran las polémicas sobre la pasividad de Pío XII frente a la barbarie del nazismo. ¿Se acusará algún día al papa Francisco de haberse distraído pronunciando soflamas típicas de progres y demagogos mientras el mundo asistía al mayor exterminio de cristianos que se registraba desde los tiempos del comunismo? Los números son elocuentes ("Cristianos. Los más perseguidos", LV, 24/6/2013):

Según el informe del 2012 sobre libertad religiosa en el mundo de la fundación pontificia internacional Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), unos 200 millones de cristianos -tanto católicos como ortodoxos y evangélicos- son perseguidos, y otros 150 millones son discriminados.

"Cada cinco minutos es asesinado un cristiano en el mundo", dice el sociólogo Massimo Introvigne, que hizo ese cálculo sobre la cifra de cristianos asesinados en el 2011 (fueron 105.000) y en el 2012 (unos 100.000).Esas cifras proceden de los estudios publicados por el International Bulletin of Missionary Research.

La misma información remite al libro Cristianos y leones (Planeta), del periodista Fernando de Haro:

(...) se detiene en la tragedia de los cristianos en Nigeria, India, Pakistán, Egipto e Irán, entre otros. En tales países ocurre que los cristianos -aunque tengan presencia histórica allí hace siglos- son percibidos como "brazo de Occidente", lo cual los convierte en sospechosos. Esta presunción castiga especialmente a los evangélicos, a quienes se relaciona más con Estados Unidos, potencia detestada por muchos regímenes musulmanes.

La tragedia de los miles de cristianos degollados o esclavizados en las zonas de Iraq y Siria que ocupa el Estado Islámico, así como en Yemen y Libia, se suma a la de millones de fugitivos que deambulan por el mundo.

Mientras tanto, el papa Francisco prodiga gestos espectaculares a las redes sociales populistas, haciendo guiños a gays y divorciados para entretener, como buen peronista, a los giles, sin darles nada concreto. Eso sí, los progres prefieren a un Papa que clama contra el cambio climático y no contra la persecución de los cristianos y sus símbolos en el mundo islámico.

En fin, es alarmante que un argentino vulnerable a la tentación del peronismo pueda influir espiritual y políticamente, desde la cátedra vaticana, sobre mil doscientos millones de católicos. Algo nunca visto. Procuremos que no se vuelva a ver.

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