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Mentalidad de talibanes

Alicia Sánchez-Camacho no se equivocó al calificar de talibanes a los consejeros secesionistas del nuevo Gobierno catalán.

Eduardo Goligorsky
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El 31 de diciembre, un lector de La Vanguardia opinó que Alicia Sánchez-Camacho había incurrido en una falta de respeto al calificar de talibanes a los consejeros del nuevo Gobierno catalán, "equiparando a los miembros de un gobierno elegido mediante sufragio con un movimiento militar que, entre otras aberraciones, somete a las mujeres a continuas vejaciones".

También ese día, el columnista Magí Camps recordó en el mismo diario que el régimen de rigidez teocrática que los talibanes imponen en Afganistán:

Se traduce "en una persecución sin concesiones de cualquier forma de disidencia, la relegación de la mujer a una condición de subordinación total, la reglamentación estricta de la vida cotidiana y la eliminación de cualquier referencia no islámica". (...) De hecho, algunos catalanes han sido calificados de talibanes. ¿Su manera de hacer se corresponde con la definición citada? ¿O es que quien descalifica así no ve la viga en su ojo? Francamente, según qué insultos no se deberían emplear tan a la ligera y, aun menos, por parte de personas públicas.

Entiendo que un lector profano no sepa distinguir el sentido literal del figurado, pero, ¿y el columnista? ¿Cree éste que alguien circula literalmente por el mundo con una viga en el ojo, o que aquellos a quienes sus correligionarios secesionistas acusan de formar parte de la Brunete mediática son periodistas montados en un carro blindado? Los trogloditas de hoy no son réplicas de los hombres de las cavernas. Tampoco nuestros inquisidores visten ropas talares ni empuñan los hierros que intimidaron a Galileo.

La reglamentación estricta de la vida cotidiana y la eliminación de cualquier referencia no catalana o, ¡vade retro!, española, la imponen nuestros talibanes cuando trazan líneas rojas para prohibir la enseñanza bilingüe o los rótulos de comercios escritos en castellano. O cuando niegan la condición de catalanes o, peor aun, tildan de anticatalanes, a quienes no comparten la ideología secesionista. Y con un raquítico 34% de votos del censo electoral, se conjuran para imponer al 100% de los ciudadanos de Cataluña el calvario de la secesión institucional, económica, social y cultural respecto del resto de España y Europa. Con mentalidad de talibanes, pretenden evitar que a la umma, la comunidad de creyentes, la contaminen los vientos heréticos.

Idealización obsesiva

¿Consejeros talibanes en el nuevo gobierno de Cataluña? Quien nos brinda una prueba de que los hay no es un portavoz de la Brunete mediática, sino el vicedirector del somatén mediático, Alfredo Abián. Éste, herido en su racionalidad, escribió con su firma, ese mismo 31 de diciembre:

El nuevo conseller de Presidència de la Generalitat debutó ayer afirmando que "Madrid ha dictado desde hace tiempo nuestra sentencia de muerte". Y nos quedamos tan tranquilos a la espera de atragantarnos con las uvas. Las escaladas verbales no sirven absolutamente para nada, salvo para hacer el ridículo.

El calificativo de "talibán" aplicado a los fundamentalistas de CiU lo leí por primera vez, quién lo creería, en La Vanguardia. Allí escribió José Martí Gómez (17/2/2000):

Talibán. Dícese de los jóvenes de clase media vinculados con familias católicas y nacionalistas. Radicales desgajados del tronco moderado de las juventudes de Convergència. (...) En el gobierno de la Generalitat los talibanes ejercen como fontaneros mayores y son el poder en la sombra. Los históricos del partido los acusan de carrerismo.

Tampoco hay que caer en el error de negar la condición de talibanes a quienes exhiben su fundamentalismo en el campo político y no en el religioso. La mentalidad de los talibanes se manifiesta en ámbitos muy diversos. Lo explica Antonio Elorza en Umma. El integrismo en el Islam (Alianza Editorial, 2002):

El fundamentalismo tiende a coincidir con el integrismo en la actitud de condena de todo cambio, sólo que referida a un texto sacralizado, sea el Corán o El Estado y la revolución de Lenin. En este sentido, ambos nacen como respuesta a los conflictos derivados de la transformación registrada en una sociedad, y tanto en el Islam como en otros sistemas de creencias actúan como contraideologías, pues su aparición responde a la demanda de grupos de creyentes para eliminar la amenaza a una situación precedente de monopolio ideológico.

Elorza pone en evidencia, sin proponérselo, una de las analogías más llamativas entre el fundamentalismo islámico y el secesionismo catalán: la idealización obsesiva de un pasado glorioso, real en el primer caso y mítico pero indispensable en el segundo:

La comunidad de los creyentes protagonizó en el siglo VII una expansión sin igual en el curso de los siglos. Tal vez esa excepcionalidad produjo un deslumbramiento que todavía hoy, al lado de la unicidad de la revelación, gravita sobre la visión del pasado en el mundo musulmán. El pensamiento islámico carece en su vertiente integrista de perspectiva histórica, precisamente porque sólo contempla los episodios decisivos en el proceso de afirmación de la creencia: la fundación y la gran yihad expansiva, la resistencia y la victoria final sobre la gran amenaza que representaron las Cruzadas, la decisiva encrucijada que se plantea desde fines del siglo XIX con la presencia de Occidente.

Se inventan próceres

A falta de una auténtica fundación y una yihad expansiva, se inventan símbolos y próceres. Leemos en La Vanguardia (12/8/1997) que la noche anterior Jordi Pujol había presidido, en el monasterio de Ripoll, el acto solemne de homenaje a Guifré el Pelós al cumplirse mil cien años de su muerte:

Al referirse a la herencia de Guifré el Pelós, Pujol destacó que su aportación fue "la tierra, con su ejemplo de cómo ocuparla, poblarla y trabajarla para transformarla; la Europa de su tiempo -él estaba ligado al imperio Carolingio- y el cristianismo, en el amplio sentido de los valores y no sólo del hecho religioso". El president se mostró convencido de que "desde su tumba, hoy Guifré el Pelós diría que éstas son unas gentes que tendrían que ir más allá y nosotros miramos de hacerlo".

Miquel Porta Perales demuele el mito en su bien documentado Malalts de passat (Laertes, 2000) y más sucintamente en Si un persa viatgés a Catalunya (La Esfera de los Libros, 2005), donde aclara:

Las crónicas medievales de los territorios peninsulares giran en torno de la idea de Hispania, y no existe ningún nombre que designe de manera específica los condados catalanes. Por otra parte, el término Cathalonia no aparece hasta el siglo XII. Y la supuesta nación catalana de Guifré el Pelós -el héroe nacional que, dicen, construye la independencia durante el siglo IX- es un conjunto de condados feudales independientes que no pertenecen a ningún ente nacional. Más adelante, algunos de estos condados se dividen, subrayando su independencia respecto del poderoso condado de Barcelona.

Como un imán salafista

Aunque la mentalidad de los talibanes autóctonos pone el mayor énfasis en el monolitismo político de su comunidad de creyentes, su fanatismo les impide tolerar desviaciones en el campo religioso. En mi artículo El cisma identitario exhumé un episodio típico de esta intolerancia de cuño talibán. Cuando Manuel Valls i Serra, entonces director de Catalunya Cristiana, criticó en La Vanguardia (6/1/1997) el catalanismo eclesial subordinado a una corriente política que a algunos podía parecer discutible, y pidió que la Iglesia respetara, en Cataluña, a sus fieles castellanohablantes,

Hilari Raguer, historiador y monje de Montserrat, reaccionó en el mismo diario (9/1/1997) como lo haría un imán salafista ante una caricatura de Mahoma:

La Nunciatura y la Secretaría de Estado [del Vaticano] tampoco entienden, o al menos no protegen, la realidad social y por tanto eclesial catalana. Sólo nos queda, como muro de defensa, la unanimidad moral de la opinión de los católicos catalanes al respecto, con la seguridad de que no habrá silencio de los corderos, ni de las ovejas. De ahí la gravedad del contramanifiesto que desde La Vanguardia lanzó el día de Reyes el director de Catalunya Cristiana. A esto yo lo llamo lerrouxismo eclesial (...) Entristece ver que un sacerdote catalán tacha de intromisión política una aspiración tan natural. No pretendemos una Iglesia catalana independiente de Dios ni de la Santa Sede, pero no la queremos dependiente del Gobierno español, ni de la COPE o de algún cura lerrouxista (...) El más grave problema de Cataluña, tanto en lo político como en lo eclesiástico, es la unidad de su población (...) Estoy seguro de que nuestro pueblo, el único pueblo de Dios en Cataluña, no caerá en la trampa lerrouxista que ahora se le tiende.

Esta invocación a la unanimidad, la unidad y el único pueblo de Dios, con su complemento de corderos y ovejas, trae reminiscencias no sólo de la umma, la comunidad de los creyentes, que subliman los talibanes, sino también del más rancio totalitarismo del siglo XX. Alicia Sánchez-Camacho no se equivocó al descalificar a los consejeros secesionistas del nuevo Gobierno catalán.

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