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Eduardo Goligorsky

Ya estamos polarizados

Es imperioso que los demócratas y patriotas se congreguen, sin fisuras sectarias, en torno al polo ocupado por la candidatura de Isabel Díaz Ayuso.

Eduardo Goligorsky
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Es imperioso que los demócratas y patriotas se congreguen, sin fisuras sectarias, en torno al polo ocupado por la candidatura de Isabel Díaz Ayuso.
Libertad Digital

La polarización está asociada, en el lenguaje político, a las lacras  del populismo. Es una de las tácticas que el jurista nazi alemán Carl Schmitt y su discípulo el sociólogo peronista argentino Ernesto Laclau pusieron en manos de los demagogos para aglutinar a las masas y convertirlas en el instrumento de los movimientos encaminados a la implantación del Estado totalitario, dueño del poder absoluto.

Antagonismos ficticios

En España es Pablo Iglesias Turrión quien, inicialmente desde el liderazgo de Unidas Podemos y a partir de la cohabitación con Pedro Sánchez desde la vicepresidencia segunda del Gobierno, sembró las semillas de la polarización en el seno de la sociedad. Así fue como diseñó un tablero de antagonismos ficticios pero útiles para sus fines de  engatusar al personal: en un polo el pueblo virtuoso y en el contrario la casta perversa. Con sus equivalentes: progresistas versus reaccionarios, republicanos versus monárquicos, antifascistas versus fascistas. Un tinglado fraudulento en escala gigantesca puesto al servicio del poder hegemónico del Lenin de Galapagar.

Esta polarización choca, evidentemente, con los principios rectores de la racionalidad.  Extrae sus motivaciones de las vísceras y no del cerebro. Apela al odio y no a la fraternidad. Nace del guerracivilismo patológico y no de la convivencia sana. Contagia ignorancia y no cultura. Y sin embargo… Sin embargo, la polarización se ha convertido en una parte inseparable de nuestra vida de relación.

Un mono con una navaja

Mal que nos pese, ya estamos polarizados. La convocatoria a elecciones en la Comunidad de Madrid nos da una prueba irrefutable de ello. Acaba de irrumpir en escena un candidato que se comporta como un mono armado con una navaja en un parvulario. ¿Cómo reaccionar ante el riesgo de que el energúmeno Pablo Iglesias Turrión –que continuará arteramente atornillado a su poltrona oficial hasta el 17 de abril– se transforme en el amo y señor de un auténtico pueblo –y aquí sí podemos hablar legítimamente de pueblo– progresista, laborioso y hospitalario como el madrileño? Solo colocándonos, todos unidos, en el polo opuesto.

Pablo Iglesias Turrión, emboscado abusivamente en su despacho gubernamental, anunció su candidatura a la presidencia de la Comunidad de Madrid con un mensaje polarizador, plagado de agravios tabernarios, al que es justo responder desde la trinchera de enfrente. Acusó a sus adversarios de ser “delincuentes criminales que reivindican la dictadura”, cuando su coalición está conchabada con impenitentes verdugos etarras y cuando él mismo aprueba públicamente las atrocidades de las sanguinarias dictaduras bananeras y de sus precursoras estalinistas. Dictaduras bananeras y estalinistas obscenamente xenófobas, homófobas y machistas. Y tiene la desfachatez, el macho alfa Iglesias, de manifestar su temor de que sus víctimas potenciales, que él llama “las derechas”, “puedan tener todo el poder en Madrid, con todo lo que eso implica para el  resto del país”. 

Mayoría absoluta

Alerta, ciudadanos. Existe el peligro real de que sean Pablo Iglesias y su acompañamiento de rufianes quienes “puedan tener todo el poder en Madrid, con todo lo que esto implica para el resto del país”. Es posible que el 4-M el doctor Frankenstein nos presente los órganos de su monstruo repartidos en distintas papeletas: PSOE, Unidas Podemos, Más Madrid y ahora, en el furgón de cola, un farolillo naranja. Pero finalizado el escrutinio todas confluirán en el mismo polo: el de los enemigos de la integridad de España, de su Constitución y de la Monarquía parlamentaria.

Puesto que ya estamos polarizados, es imperioso que los demócratas y patriotas se congreguen, sin fisuras sectarias, en torno al polo ocupado por la candidatura de Isabel Díaz Ayuso. Con el eslogan “Comunismo o libertad”. O, tal vez mejor, “Barbarie o civilización”. Piénsenlo. Mayoría absoluta para la libertad. Mayoría absoluta para la civilización.

En España

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