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Eduardo Goligorsky

Ya no son presuntos

Existe un recurso para evitar el desacato. El 10-N se celebrarán elecciones y hay tres partidos que garantizan el cumplimento de las sentencias.

Eduardo Goligorsky
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Existe un recurso para evitar el desacato. El 10-N se celebrarán elecciones y hay tres partidos que garantizan el cumplimento de las sentencias.
Coches ardiendo en Barcelona | Europa Press

Por fin podemos llamar a las cosas por su nombre, prescindiendo de evasivas hipócritas. Los políticos presos ya no son presuntos delincuentes, sino delincuentes convictos, con una sentencia firme del Tribunal Supremo. Benévola pero explícita. Como lo fue en su momento la del tribunal de Schleswig-Holstein, desestimada precisamente por su benevolencia pero que, aun así, aceptaba que al prófugo Carles Puigdemont se lo podía inculpar por malversación. Si se hubiera aceptado aquel fallo (en el doble sentido de la palabra), se podría haber añadido siempre al nombre de ese reo el estigma de "delincuente malversador" en lugar del engañoso expresident.

Sus favoritos son delincuentes

Pues sí, ahora quienes visiten solidariamente, homenajeen o pidan la excarcelación de estos presos y presas lo harán a sabiendas de que sus favoritos son delincuentes a secas, y no presuntos. Para una parte de la opinión jurídica y profana, en la que me incluyo, seguirán siendo golpistas culpables del delito de rebeldía, pero lo incontestable es que de ahora en adelante se podrá hablar, sin caer en falta, de los sediciosos y malversadores Oriol Junqueras, Raül Romeva, Jordi Turull, Joaquim Forn, Dolors Bassa, Josep Rull, Carme Forcadell, Jordi Sànchez y Jordi Cuixart.

Cuando el presidente putativo y el vicepresidente de la Generalitat, junto al presidente del Parlament, instigan a los partidos secesionistas y los movimientos de activistas para que organicen la desobediencia civil, con el consiguiente perjuicio para el orden público, la actividad económica y la convivencia social, lo que hacen es, ni más ni menos, que amancebarse con los sediciosos y malversadores presos. Ya no les queda la coartada de invocar la presunción de inocencia de sus compinches aparentemente desactivados. Y escribo "aparentemente", porque los sediciosos habían instalado un auténtico foco de agitación rebelde (perdón, sediciosa) en la cárcel-residencia de Lledoners. Cuenta Isabel García Pagan ("Una sentencia sin punto y final", LV, 13/10):

El líder de ERC aprovecha cada visita de abogados en el locutorio. Manda. Imparte órdenes a sus interlocutores sobre el asunto más nimio del partido, fija estrategia y discurso. "Haz lo que te pido", "acuérdate de aquello", "ya me dirás cómo ha ido". Junqueras está en campaña más allá de la sentencia.

(…)

El líder de ERC no se arrepiente de nada y se reafirma: "estamos convencidos de que lo que hicimos está bien hecho". (…) "Ahora lo que hace falta es ser inteligentes, sumar fuerzas, simpatías".

Instigadores de la violencia

¿Trece años de cárcel serán suficientes para aplacar el odio antiespañol que inflama las vísceras de Junqueras desde que tenía ocho años de edad, como le confesó a Lluís Amiguet (LV, 12/11/2012)? La voluntad de reincidir en la conjura contra la integridad territorial de España y la convivencia fraternal de sus habitantes está presente en las declaraciones de todos los sentenciados, y también en las de los cobardes prófugos y en las del resto de la camarilla sediciosa todavía parapetada en los centros de poder.

No se necesita un millón de vándalos para sembrar el caos en una sociedad civilizada, donde los ciudadanos alternan normalmente el estudio y el trabajo con la vida pacífica en el hogar. Nadie los ha entrenado para resistir los atropellos de la kale borroka y por eso bastan pocos miles de gamberros para acosarlos e intimidarlos, mientras los gerifaltes planificadores del Tsunami depredador niegan descaradamente el auge de la violencia que ellos mismos han instigado al grito de "¡Apretad!".

"Si hay un muerto, ¿a quién pedimos cuentas?", se pregunta Xavier Vidal-Folch (El País, 14/10), y aporta un testimonio de que la violencia es inseparable del procés independentista:

No solo entiende, sino que llama a la violencia quien escribe: "Sin una determinada acción violenta, jamás Cataluña alcanzará su liberación. (…) Las acciones de masas realizadas hasta hoy, siendo necesarias y modélicas, se han demostrado poco útiles. (…) Han llegado los tiempos de la nueva violencia." Estas frases se espigan de un repugnante artículo en El Punt Avui 22-9. Lo firma un exsenador socialista converso al nacionalismo, afecto a la estupidez de que Cataluña es una colonia, creador por cuenta de Jordi Pujol de un sectario museo oficial de la historia catalana, y mayordomo del truculento simposio de historia-basura Espanya contra Catalunya. Se llama Jaume Sobrequés.

Carne de cañón antisocial

El conglomerado enemigo de España ha reaccionado de manera fulminante apenas se dictó la sentencia contra los delincuentes que lo encabezaban. El presidente del Parlament, Roger Torrent, fracasó en su primer intento de unificar preventivamente a patronales, sindicatos y entidades civiles, ciñéndose al modelo totalitario, para movilizarlos contra el Estado de Derecho. Pero a última hora prevaleció la voz del amo. Los títeres de CCOO, UGT, la patronal Cecot y otros 114 chiringuitos firmaron, junto a Òmnium y ANC, un manifiesto contra la sentencia que se leyó en la plaza Sant Jaume. Las comisiones directivas del Barça y del sindicato de médicos se bajaron los pantalones en solitario. Pero la que lleva la batuta es la carne de cañón antisocial que ahora bloquea la circulación por aire y por tierra, incendia el centro de Barcelona, ocupa los edificios públicos y particulares, agrede a las personas y sabotea la economía catalana siguiendo las instrucciones del comisario nihilista igualmente prófugo Toni Comín.

Los compinches de los sediciosos y malversadores no se dan por vencidos. Apelarán a todas las estratagemas legales e ilegales para cederles nuevamente el liderazgo de los pirómanos en las calles. La Generalitat controla las instituciones penitenciarias de su jurisdicción donde están recluidos estos delincuentes, y puede obrar prodigios para facilitarles la reincidencia concediéndoles, por ejemplo, la semilibertad del tercer grado. Los editorialistas complacientes hacen hincapié en la vigencia de este subterfugio. "La decisión final permite aplicar fórmulas para lograr la liberación de los condenados lo antes posible", festeja Lola García ("Buscando una salida", LV, 15/10).

Hay otras triquiñuelas. Si la familia Pujol-Ferrusola sigue en libertad después de que se destaparan sus chanchullos y es recibida con plácemes en Montserrat cuando acude a rezar por los delincuentes presos, ¿por qué Oriol Junqueras, los Jordis y el resto de la caverna no habrán de gozar de este mismo privilegio?

Existe un recurso

Existe, empero, un recurso para evitar el desacato a la justicia. El 10-N se celebrarán elecciones y hay tres partidos que garantizan el cumplimento de las sentencias. El Partido Popular, Ciudadanos y Vox. Ni amnistía, ni indulto, ni tercer grado. Cada ciudadano disfruta de libertad para optar por el partido más afín a su ideología o a sus intereses, pero tranquiliza saber que ninguno de los tres ha defendido jamás la plurinacionalidad de España, ni la prioridad de las lenguas regionales, ni tiene apéndices como el PSC conchabado con la mafia antiespañola en diputaciones y ayuntamientos..

Después del 10-N, el Gobierno del bloque constitucionalista, o de uno de sus componentes, podrá asegurar el cumplimiento de la sentencia firme impuesta a los sediciosos malversadores y poner el cerrojo del 155 a la repúblika ficticia de sus cómplices tribales. Todo depende de que obremos racionalmente a la hora de votar.

PS: El director de La Vanguardia, Marius Carol, se suma al gremio de divulgadores de fake news cuando repite, en su carta del 16/10, un bulo que han puesto en circulación el lenguaraz de asuntos exteriores de la Generalitat, Alfred Bosch, y sus corifeos mediáticos. El engañabobos, que pronto se viralizará en las redes sociales adictas a los delincuentes sediciosos, consiste en sumar las penas a las que estos han sido sentenciados y cifrarlas en más de 100 años, creando la falsa impresión de que se les ha impuesto individualmente un castigo desmesurado. Los trileros no respetan la inteligencia de su público y repetirán esta nueva mentira hasta la saturación.

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